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Editorial: Que en algunas cosas no se nos haga una laguna

El pasado fin de semana desde al amanecer mismo del sábado de Primavera hasta el anochecer del domingo con los bomberos, el club Atlético, los autos de la marca Ford, y otras participaciones, el predio de la laguna ranchera cobijó a varios miles de personas de todas las edades, en toda su extensión. Fue una verdadera maravilla recorrer el camino costanero y disfrutar de gente disfrutando. Niños, abuelos, jóvenes, locales y visitantes, todos mostraban la algarabía de un buen momento que solo se vive en un lugar acogedor.
Y la laguna ranchera lo es. No por su dimensión ni por su arquitectura, que la tiene. No por sus aguas ni su riqueza. Ni por sus servicios (aún escasos) ni por lo que a la vista se distingue. Un lugar para descansar, recrearse, compartir, relajarse o meditar tiene que tener alma. Es por otro lado, como se dice en idioma moderno.
Es ese que se yo, que se siente en la piel y mas adentro también. Y es oportuno, así lo considera este autor, en quienes hemos vivido la historia de aquél pajonal de hace cuatro décadas, pasando por el «verneano» sueño de Dn Nicolas Magariños (no por su frustrado intento de acuerdo con los empresarios japoneses que hubiera cambiado el curso de la historia ) de darle con la pala de punta y a mano a la obra, hasta las esforzadas e insistentes gestiones de Juan C. Veramendi y las sucesivas gestiones que fueron dando forma a una obra cuya dimensión social aún no está debidamente incorporada a la cultura ranchera.
Bastaría con preguntarse: Se imagina vecina/o a Ranchos hoy sin ese paseo y con el antiguo bañado?. ¿Tenemos acabada idea de cuantas cosas de nuestras vidas pasan «por la laguna»?.
Mucho hubo que transitar y vale el concepto de lo cultural. Algunos con unos años encima recordaran las luchas contra posturas de concejales que dejaban sus gargantas como hilachas levantando las banderas de la laguna ecológica a la que solo podían acceder los pájaros y el viento. ¿Cómo permitir que una carrera de autos pasara cerca del predio?. «Eso sería una verdadera locura» negando la autorización para que el paseo fuera virtualmente «inaugurado» por la loca idea de algún particular de organizar un Rally que no solo pasara por allí. Sino que se televisara en directo para todo el país y gran parte del continente la etapa especial «Laguna de Ranchos».
Y claro que no hay nada que reprochar en aquellas posturas que eran genuinas. Naturalmente no adecuadas al tiempo por venir. Como todo en la vida. Algunos suelen imaginar mas o menos acertadamente el sábado lo que ocurrirá el domingo. Otros necesitan el diario del lunes.
Lo importante es que unos y otros el martes no sigan discutiendo lo que ya ocurrió.
Como se cita en un párrafo, es extremadamente importante lo que esta obra le aportó a Ranchos en muchísimos aspectos. No es descabellado considerar que el paso del tiempo marque a la misma como la obra ícono de las décadas de gestión lideradas políticamente por Juan C. Veramendi. Y es bueno, al observar panorámicas como las del fin de semana que se estampe un reconocimiento que no tiene un ápice de exagerado ni de injusto.
Dicho esto, vale insistir en que tamaño logro ya fuera de las discusiones a las que se hace mención aquí, no se pierda de vista lo que el lugar y su funcionamiento reclaman. Nada de lo que resta por hacer es comparable a la obra misma. Nada es tan complejo como haber transformado aquél inaccesible charco grande en esta postal de maravillosos atardeceres, de nochecitas de verano in-comparables, de sonidos naturales casi líricos.
Pero necesarios. Casi un compromiso ineludible para estas y las futuras gestiones comunales. Y también, un llamado de atención a todos y cada uno de los rancheros. La laguna es de todos y para todos. Y su cuidado, manutención y vigilancia una obligación ciudadana.
Tres décadas no es mucho tiempo para algunas cosas. Pero es una generación que ya nació y creció con la laguna a unos metros de su casa. Y allí resulta que ya no es tan poco tiempo para hacer carne el precepto señalado.
Ya no se discute mas, que en la laguna puede hacerse un rally. Ni dos ni diez. Ni una jornada de automóviles. Ni una Jineteada o un gran festival.
Algunos adolescentes tal vez ni crean que alguna vez esto se discutía enfáticamente en el Concejo Deliberante.
Ya no. Nadie se golpearía el pecho diciendo «es cierto. Yo lo hice».
Es hora de otras preocupaciones. Que sin prisa, pero sin muchas pausas, le vayan dando a esta verdadera maravilla que tenemos, los aditamentos que hagan a su crecimiento, mejora y porque no orgullo ranchero.
Porque aunque muchos aún sigan discutiendo, como al rally en la laguna, que en Ranchos no pasa nada, que a todos les va mejor que a nosotros y otras frases por el estilo, nosotros, los rancheros, también tenemos nuestras muy buenas cosas.
Vaya si las tenemos….

 

(Editorial publicada en el edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 27 de setiembre 2019).

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