Editorial: Manuel Moyano o Hugo Belgrano
Hasta no hace muchos años existía una argentina que si bien tenía habitantes pasionales, encendidos, polémicos y hasta en muchos casos algo cortos de paciencia, tenían claramente establecidos algunos límites para el despliegue de esos «atributos» que respetaban casi como actos de fe.
Uno de esos limites mas respetados eran los símbolos patrios y las fechas en las que estos ocupan toda la escena. El Himno, la Bandera, la Escarapela, nuestros próceres mas ilustres, las fechas patrias conformaban un estatuto de aceptación y respeto generalizado que casi no registraba opositores ni excepciones.
Todo eso ocurría en la Argentina de hace poco tiempo. Pero comenzó a invadirnos el revisionismo histórico en su peor dimensión y entonces todas y todos comenzaron a ser puestos en tela de juicio. Apenas si San Martín (con sus mas y sus menos) y Belgrano parecen salvar la ropa de esta aniquiladora de ilustres a los que convertimos en poco tiempo en vecinos poco gratos.
Y a partir de entonces, la decadencia es algo que no conoce fronteras. Cuando comienza a influir en una sociedad la arrastra inexorablemente a sus peores versiones.
No demoró mucho en llegar el tiempo de los nuevos protocolos para las fiestas Patrióticas. De aquellas fiestitas que se vivían hasta en las pequeñas escuelas rurales, donde se cantaba el Himno con chicos y padres luciendo sus mejores galas, pasando por un cuadro alegórico y un tramo de Pericón, fuimos cayendo en los grandes recitales de grupos musicales y artistas que, a cambio de contratos millonarios, le rendían honor a nuestros creadores rapeando, cantando éxitos británicos o encendiendo un «chala» que al fin y al cabo, todo lo mismo da.
El Himno empezó a quedar para cual-quier espectáculo deportivo berreta que intentaba con la música de Blas Parera corear un tramo de la canción patria sin siquiera atreverse a su letra que «es larga y aburrida» según se ha escuchado varias veces.
Y así, en picada, nada fue quedando.
¿Qué y cuánto aportaron nuestros gobernantes y dirigentes en esto?. Mucho.
¿Para corregirlo? ¿Para evitarlo?.
No. Para alentarlo.
Acaba de celebrarse hace horas un nuevo aniversario de la muerte del creador de la bandera. Dn. Manuel Belgrano. a nuestro modesto entender el mas grande prócer que diera la Patria. En su honor, el Día de la Bandera y por ella, Rosario, la ciudad del izamiento, el reducto en el que coincidieron -aunque a diferentes lugares- el actual presidente de la República y su antecesora y candidata a sucederlo al final de su mandato.
¿Qué otra cosa podían hacer en Rosario un 20 de junio el presidente Macri y la ex presidente Fernandez que recordar a Bel-grano y amagar, aunque mas no fuera, por un rato parecerse en algún gesto a alguno de los tantos y tan grandes que tuvo el abogado, periodista, político y mi-litar argentino?.
Pues no fue así. El presidente Macri hablando ante un público mayoritariamente escolar, ensayó una larga explicación de las mafias y apuntó al sindicalista Moyano y su incidencia en los costos de la producción, mas sus aprietes y sus piquetes y bla bla bla….
….y un rato después, el turno de Cristina. ¿Aprovechó el dislate ajeno y apareció ubicada en tiempo y espacio?. Tampoco.
Se dedicó a contestarle a Macri y pese a que con notable histrionismo se preguntaba si «hacía falta» que Macri se hubiera dedicado a Moyano, ella se dedicó a Macri.
De la bandera ni mus. De Belgrano menos. ¿Y pa´qué? parecieron preguntarse ambos. Y tal vez haya que pensar que en el fondo hicieron bien. Porque en sus palabras, Belgrano no hubiera sido homenajeado. De ninguna forma, ni Fernandez ni Macri pueden darle brillo o prestigio a la figura de aquél que donó una re-compensa militar para construir escuelas o se quitó el reloj para pagarle al médico que lo atendió para calmar su muerte.
Tal vez mejor. Por la memoria de Belgrano. Y porque -al estilo Diego- la bandera no se mancha.
Ya llegará el día en qué nuevas generaciones de argentinos recuerden aquellos (estos) tiempos en los que los argentinos éramos tan pobres que ni fiestas patrias teníamos.
Y esos, seguramente serán tiempos mejores.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 22 de junio de 2019)
