Editorial: Operativos si. Operaciones NO.
El fin de semana pasado se llevaron a cabo en la ciudad y en alguna zona rural operativos policiales ordenados por la justicia que ganaron la atención de toda la comunidad. Los mismos estuvieron ligados a investigaciones por comercialización de estupefacientes y estaban antecedidos por escuchas telefónicas de mucho tiempo, información, testimonios y otros elementos proba-torios.
Casi como no podía ser de otra forma, el operativo tuvo «resultados positivos» como se dice en la jerga, aunque resulta de alguna manera extraño que el mayor botín hallado fuera una sorpresa, porque los me-ses de escucha y seguimiento de los buscados no le permitieron a las fuerzas de seguridad sospechar si-quiera el arsenal de armas con el que se llevaron por delante al ir en búsqueda de un poco de sustancias.
Menos «merca» y muchas armas arroja el balance final de la expedición. Queda también para el análisis el operativo en la sede de un club tan venido a menos que la denominación de club le queda varios talles grandes y donde las fuerzas extrañamente con el fiscal actuante en el lugar se mostraron bastante. torpemente. No sólo porque lo secuestrado y el ruido que hicieron debiera servir de muy poco por no decir nada, sino porque mostraron desconocer hasta la propia cartilla del lugar. Llegaron a la hora de la cena y que iban a encontrar sino la mesa servida y los cubiertos dispuestos, mas allá que para aprovechar la visita maltrataran un poco a un grupo de parroquianos cuyo promedio de edad supera largamente los 60 años y les quitaran una respetable suma de dinero que es de esperar les sea devuelta a sus dueños prontamente porque nada tiene que ver el mismo ni con la droga, ni la comercialización ni ningún otro objetivo del allanamiento.
El resto no puede ser menos que destacado porque la lucha contra la drogadicción en todas sus expresiones debe ser dada en todos los terrenos y sin concesiones. Es hasta ilustrativo para la vecindad, compuesta de buenas señoras y vecinos respetables, pero un tanto ingenuos en estos menesteres y que creen que la droga es algo malo que trae el chapu Guzman o algún otro extranjero famoso, sin animarse a aceptar que esto pasa por sus vecinos. Por el pibe que vió crecer. Por el hijo de sus amigos. Y a veces por sus propios familiares.
Seguramente con el correr de las horas y la divulgación de nombres y demás datos, habrán surgido mas de un «no puedo creerlo de alguna dama del barrio. «¿Pero podrá ser que esté metido en esto fulano?» se habrá escuchado en alguna esquina o una peluquería, cuando en realidad ya lo que sorprende es que algunos pocos no tengan algo que ver con la droga.
Pero si bien lo dicho, pretende poner un merecido toque de atención a lo ocurrido, es menester periodístico observar otro aspecto no tan visible que mostró sin disimulos este operativo. Y ese fue el lado mas negativo de esta realidad: las internas en las fuerzas de seguridad; las competencias sin límites. La mezquindad de algunas posturas no pueden ni deben ser aceptadas y mucho menos avaladas por las autoridades gubernamentales de la provincia. Y porque han sido en algunos casos tan groseras y hasta berretas, que no puede soslayarse creer que alguna instancia de la justicia participe de estas operaciones impropias de rangos altos de las fuerzas que deben combatir algunos de nuestros grandes males. El uso que se pretendió hacer -y que en algunos casos se logró- de este llamado operativo «Rancho limpio» (así se lo denominó en la juerga a lo ocurrido en Ranchos ) no registra antecedentes en las filas policiales locales. Desde su-puestos comunicados de prensa que solo tenían la intención de usar a algún medio desprevenido, hasta la muy «extraña» divulgación de las fotos originales de varios de los detenidos, al momento de hacerlos posar para los legajos en la primera dependencia a las que se los condujo el ser detenidos. Desde algún funcionario policial llamando desde su lugar de trabajo a algún alto jefe para que prestara una entrevista con algún medio en particular en el que debería dar a conocer la identidad de los detenidos, hasta comunicados donde se alerta que la justicia confía en algunos policías pero «evidentemente no confía en otros (a los que se identificó)» lo que debería ameritar acciones mucho mas concretas y expeditivas que un mero editorial de este medio.
Pues si existen dependencias policiales y jefes a los que la justicia no les tiene confianza, ¿Qué nos cabe esperar de ellos a los vecinos rancheros?.-
Debería haber una respuesta. Clara contundente y pronta. Y en este caso, corresponde pedírsela en primer término a las autoridades políticas municipales. Nadie que haya perdido o no goce de la confianza del resto de la fuerza y mucho menos de la justicia puede seguir prestando funciones de alta responsabilidad en esas fuerzas. Y en esto no debe haber concesiones.
Y finalmente vale decir, en defensa de nuestra vapuleada profesión de periodistas. Muy difícil resulta habitualmente explicarle a nuestros vecinos (en nuestro caso lectores, oyentes, televidentes) que tras profusa información sobre detenciones y operativos no se suministren las identidades de los detenidos, para que «cuando existe la voluntad y las ganas, de golpe trasciendan los nombres, las fotos y todos sus datos» por canales que en este caso nunca supimos si eran oficiales o «de buenos oficios».-
Para ello resulta imprescindible que el periodismo y los medios estemos a la altura de nuestra responsabilidad y no caigamos tan fácilmente por ingenuidad o lo que es peor, por complicidad u otros factores difíciles de traducir en el juego de estos actores. Porque si flaco favor le han hecho a la sociedad sus dirigentes y entre ellos organismos de justicia y seguridad, que no seamos los periodistas los que sigamos el mismo camino.
Al menos en nuestro caso, deberán saber que no contarán con nuestro servicio. Como no lo contaron nunca y en general lo saben. Hemos sido, somos y seremos, capaces de todos los elogios cuando los consideramos justos, porque no formamos parte de los prejuiciosos que nos conducimos por dogmas o ideologías retrógradas, pero que esos elogios que han sabido ganarse no los confunda con creer que tienen en nosotros un cheque en blanco que soporta cualquier número.
En realidad, creíamos que ya lo sabían. Con mucha pena, estos operativos nos volvieron a la triste realidad de constatar que algunos aún no estaban enterados.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 18 de Abril de 2019)
