
Editorial: Haz lo que yo digo……..
En la última entrega de un año calendario encarar esta columna editorial implica un planteo previo diferente al de cada semana. Innumerables cuestiones podrían y merecerían ser analizadas aquí con la óptica propia de este medio que desde su primera salida se caracterizó precisamente por su abordaje editorial.
Pero al despedir un año, surge la pretensión de estar a tono con el clima festivo (¿festivo?) de la Navidad y el año nuevo y en ella, la de reflexionar con intención de un aporte a la sociedad de la que formamos parte,aunque con sobradas razones para dudar del alcance del propósito.
Se gasta mucha tinta, horas de charlas, mensajes, videos, fotos y cuanto la imaginación permita para expresar deseos y abanicar un futuro mejor. En general la mayoría se basan mas en pedidos a lo divino, a los gobernantes, a los poderosos y hasta a los santos milagrosos que de exigencias que comiencen por cada uno de nosotros mismos.
«Vengan Santos milagrosos, vengan todos en mi ayuda….» dice la biblia criolla y desde allí en adelante, los argentinos seguimos basándonos en ese tipo de creencias.
Vaya pretensión nuestra. Dejar que los santos vengan y nos ayuden si así lo deciden, pero mientras tanto hacernos cargo de la responsabilidad que nos cabe en los males que nos aquejan y desde ese lugar procurar torcer ese rumbo a partir de modificar nuestras conductas.
Y es en este punto donde nos parece muy oportuno seguir en la senda de los consagrados dichos populares:
Haz lo que digo, pero no lo que hago.
Simple. Pero profundo y sabio a la vez para ubicarnos en contexto los habitantes de este pedazo de planeta. Los argentinos somos lo que hacemos. Lo que adoptamos como práctica habitual para nuestros procederes. Para dar ejemplo. Para educar a nuestros niños. Para relacionarnos con los demás. Con nuestros seres queridos, con el resto de los huma-nos….
Somos lo que hacemos. No lo que decimos.
Y en la simpleza de tan pocas palabras aparecen conclusiones contundentes de lo que nos viene pasando desde el fondo de la historia, lamentablemente con marcado agravamiento en los tiempos modernos.
Mirarnos a nosotros mismos en el espejo de la vida diaria nos lleva inexorablemente a preguntarnos si no estamos todos locos. Es decir: sin la capacidad de razonar equilibrada y sensatamente.
La vía pública, los medios de comunicación, las concentraciones masivas, todo es un signo de intolerancia, de desequilibrio, de pérdida de una alta cuota de razón.
A tal punto que hemos empezado a divagar en mucho de lo que decimos también. Y allí radica el final de todo intento de salvación.
Si «la locura» nos gana hasta en las palabras todo estará perdido. Por eso, pensando en que aún estamos a tiempo, vale reflexionar seriamente sobre cada cosa que decimos. Sobre cada pensamiento que expresamos. Para sabernos dueños de nuestros silencios, pero esclavos de nuestras palabras. De aquél honor que supo ser la palabra empeñada…..
Y a partir de ello, recién ahí, empezar a configurar nuestro accionar con el idioma..Para que sea mas parecido todo lo que hago con todo lo que digo. Que no será en un año, claro que no. Pero se nos antoja válido como bandera. Como mensaje sintetizador. Como proclama.
Estaría bueno si en 2019 comenzamos a gatear los primeros centímetros de un largo camino que nos lleve a ser algún día mucho mas coherentes. Tanto que podamos declamar que «Podes hacer lo que digo…..y lo que hago»
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 22 de diciembre de 2018)
