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La Columna del Domingo por Héctor “Cacho” Olivera: “AUROCENSURA PERIODÍSTICA ”

Por Héctor Ricardo Olivera

La libertad de prensa es, absolutamente, una columna central en la estructura de la Democracia.
No es casualidad que los regímenes autoritarios de todas layas la cercenen como una manera de desinformar y actuar sin los límites que el periodismo pone ante eventuales Desviaciones.
Tanto es su prestigio que se ha ganado el título de “cuarto poder” que se suma a la tríada que conforman el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Diarios, radios y televisión son cada día más los que informan y ayudan a tomar posiciones al ciudadano.
Ellos tres ven amenazada su influencia a partir de estos tiempos de la tecnología que ha transformado a las redes sociales en un nuevo miembro de la familia seguramente en clara disputa por la primacía del ranking.
Para la Política el periodismo es una herramienta fundamental que abre las puertas de Gobiernos y oposiciones y pone al alcance de la mano información imprescindible para ayudar a pensar.
Cierto es que, como en toda actividad humana, es precisamente la calidad de quienes lo ejercen la condición que lo distingue y admite su clasificación.
Ante las realidades cambiantes y los centros de interés el Periodismo se ha organizado apuntando a distintas áreas de la vida social.
Tenemos entonces uno afectado a la Política, otro al deporte, uno más a la Economía, otro al espectáculo, a la cultura, el entretenimiento, la industria, la ruralidad, el arte, la investigación y así en más.
Como se dijo, sus calidades varían en función de la calidad humana y profesional de quienes lo ejercen.
Esta columna de opinión política semanal pone su acento en quienes informan y opinan sobre asuntos del País y del Mundo, el accionar de los gobiernos y las oposiciones.
Y allí aparecen algunos vicios que pueden resultar nocivos para la información y análisis del receptor.
Nos encontramos con una infinita cantidad de figuras, nuevas y viejas, muchas de ellas desesperadas por la primicia exclusiva que alimente el ego del emisor.
Sucede entonces que ese apetito desborda a veces los límites de la lógica más elemental y camina libremente por laberintos más cargados de fantasía que de verdad.
Ocurre entonces que leemos, escuchamos y miramos trivialidades como la que anuncia que tal o cual político lanzó su campaña.
Deberían saber que el político, porque está en su naturaleza, vive en campaña.

Comienza cuando siente su vocación por la actividad política y no la abandona sino cuando, excepcionalmente, decide abandonar o cuando se lo lleva la muerte.
Y en medio de esta vorágine escuchamos inventos vacíos de contenido que solo procuran alimentar la posibilidad de que alguno diga, tiempo después, que “ya lo habíamos dicho”.
Seguramente alguno acertará el pronóstico, porque en medio del fárrago de disparates es probable que algo de lo dicho por alguien se cumpla alguna vez, no por sesuda deducción sino por torrentoso palabrerío.
Lo que es realmente extraño es la existencia de una formula corporativa que anuncia que “no se hace Periodismo de periodistas”.
Se da entonces la contradicción de que se puede desmenuzar a todos pero jamás decir algo de un colega.
Hay excepciones, como en todo, pero no son tantas.
Y sucede entonces que ante la proliferación de fuentes de información y opinión los pocos no alcanzan a equilibrar la balanza.
Tenemos así mil candidatos a Presidente, otros miles a Vice, alianzas y desalianzas, maniobras truculentas y personajes inconsistentes que nos martillan diariamente con la supuesta certeza de la post verdad.
El periodismo político se ha dejado invadir por el estilo superficial del periodismo del espectáculo que se alimenta de amoríos sanos y rotos con la velocidad del rayo.
A partir de allí, la decadencia de calidad es inevitable.
Queda para regocijo del espíritu el avance del periodismo de investigación, que se nutre de documentación seria que posibilita al receptor comprender la realidad y tomar posiciones sensatas fundamentadas en datos ciertos.
Un Jorge Lanata, un multipremiado Hugo Alconada Mon, por citar solo dos, son una muestra de que no todo es lo mismo.
De aquí a octubre del año que viene seremos testigos y víctimas de una contaminación apabullante.
Solo sería bueno que alguien haga con los periodistas lo que ellos habitualmente hacen con los políticos, acumular archivos y editar entonces una serie de sus propias contradicciones.
Sería realmente divertido y nos ayudaría a aprender a protegernos de tantos duendes y tantos diablos.

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