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Editorial: Menos realidad y mas promesas

La política es una ciencia que aún no acaba de determinar fehacientemente a cuantos factores humanos responde y ello según la sociedad donde se aplique, en que circunstancias y en que época. Con esos matices, nadie se atrevería a quitarle importancia a la sicología, que ejerce una innegable presión sobre los resultados que toda política pretenda alcanzar.
Lo afirmado se enmarca en el momento que estamos viviendo los argentinos en medio de una crisis económica mas de las tantas recurrentes que nos afecta periódicamente. Hace ya un par de meses que la atención de la opinión pública es requerida desde todos los sectores políticos y periodísticos para analizarles, aconsejarles, prevenirlos y advertirles de lo que vendrá en la materia, que hacer frente a ella, etc. etc.-
Y pese a que se consideran infinitamente lejanos en sus posturas, gobierno y oposición, finalmente coinciden en los ejes de sus temáticas, aunque algunos los muestren como sus virtudes y los otros como sus errores mas garrafales.
Ejemplo: el propio presidente utilizó la cadena nacional para referirse al hecho histórico del apoyo del Fondo Monetario Internacional al concedernos un crédito de miles de millones de dólares. Es lo mismo que el gran arco opositor considera como la entrega total de la soberanía y la rendición de nuestras decisiones. Y así una larga lista.
Estamos ordenando definitivamente nuestra economía para que esto no vuelva a repetirse dicen en el gobierno. Y sobre el mismo ajuste habla la oposición para señalar las dificultades que deberemos padecer.
La pregunta que nos hacemos en relación a la sicología y su relación con la política es que «ilusión» subsiste en los argentinos para ali-mentar la nada fácil obligación de vivir. Nada menos que eso.
Si el futuro argentino es ajustarse, privarse, padecer, soportar, «un esfuerzo» mas, poner el hombro y otras cosas por el estilo para que futuras generaciones supuestamente tengan una argentina mejor, es altamente probable que las fuerzas y el entusiasmo tiendan a menguar. Que finalmente se imponga la desazón, la frustración sobre el temple que claramente hacen falta para la resistencia.
Se advierte que no estamos hablando de
conceptos económicos ni teorías conceptuales sobre el tema. Se trata de algo superior que es el espíritu de la gente.
¿Cómo vivir sin la «zanahoria» de premio al esfuerzo?
Es conocida la frase de «no me des tanta realidad, dame promesas». Y si bien no ignoramos la reacción que esto puede generar con tildes de populismo y otras definiciones también muy repetidas por estos tiempos, la misma frase mas allá de su literalidad esconde una gran realidad.
Los argentinos de estos tiempos seguramente saben de las dificultades, conocen muchas de su causas y admiten tiempos difíciles, pero si lo único que sobrevuela es que hay que gastar menos que lo que ingresa, como la receta perfecta de la economía pregona y no hay un «waiver» que se mezcle entre tanta agonía, la mejor receta está absolutamente condenada al fracaso por falta del combustible principal: el acompañamiento de la gente.
Se nos ocurre un acostumbrado consejo de un buen médico al momento de organizarle una dieta estricta a un paciente que no soporta otra alimentación. Jamás faltará el permisito. Un día en la semana, una comida cada tantas. Siempre habrá un «dése un gustito», porque allí reside la renovación de fuerzas para seguir adelante.
Algo así imaginamos para este momento del país. Dieta si. Cuidados también. Cumplir con la medicación, pero hace falta que aparezcan las voces que le hablen a toda la sociedad de los permisitos. De la excepción. De una alegría mezclada en medio de tanta angustia.
Y eso está faltando. Solo desesperanza y angustia en nombre de una quimera. Y allí está la desazón que toda la sociedad muestra. Y la angustia. Y cierta violencia que hace cada día mas difícil la convivencia.
Así fracasa la receta mas técnicamente perfecta desde lo económico. Sin la gente, no hay receta.
Y la gente acepta y quiere verdades. Pero se trata de vivir y en esa dura empresa, aunque descalifiquen la expresión, los oídos claman porque al menos un día entre muchos otros, las voces se pongan de acuerdo y en lugar de tanto realismo le hagan escuchar un poco de promesas.

(Editorial publicada en la edición del Semanario TIEMPO de Ranchos del sábado 15 de septiembre de 2018)

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