Editorial: Bien en Croacia, pero no lo hagan acá
Hace una semana esta columna se refería a la personalidad y el comportamiento mostrado por el entrenador del seleccionado de fútbol de Croacia L. Dalic al que destacamos por la firmeza de sus decisiones, la disciplina que impuso a su plantel enviando de regreso a su país a un jugador y un colaborador por actos que aquí ni siquiera hubieran trascendido.
Una semana mas tarde, volvemos sobre Croacia y en el contexto del mismo torneo deportivo. Finalmente esa selección disputó la gran final cayendo ante Francia. Y la gran figura en el estadio y quien convocó todas las miradas al momento de la ceremonia de premiación llevada a cabo bajo un verdadero diluvio fue Kolinda Grabar Kitarovic, presidenta de la Re-pública de Croacia. Vestida sencillamente y luciendo una remera con los colores de la se-lección, Kolinda abrazó cariñosamente a cada uno de los jugadores franceses y luego sin in-mutarse por el agua se confundió en abrazos interminables con todo su plantel y el cuerpo de entrenadores.
Las cámaras no se separaron de ella. A partir de ello se supo mas de la mandataria. Que con su arribo a la presidencia redujo todos los sueldos de funcionarios y diputados en un cincuenta por ciento, vendió el avión presidencial y 35 automóviles de lujo de la presidencia, se pagó de su bolsillo el pasaje en clase económica a Rusia y pidió que descuenten de su sueldo el gasto de su estadía en Rusia.
Si entráramos a analizar finamente cada una de estas medidas, seguramente alguna merece ser objetada. Por ejemplo el viajar en aviones de línea es muy discutido por las empresas y los pasajeros por los riesgos de a-tentados. Las ventas de algunos automóviles aquí seguramente serían tildados de «humo» porque su significado monetario es muy pequeño, pero lo cierto es que fue entre los argentinos donde mas cautivó Kitarovic.
Esa admiración expresada podría suponer una clara aprobación a políticas de ese tipo. «No tener una presidenta así en la Argentina» se escuchó decir y se leyó en las redes sociales. Expresión que cuanto menos nos atrevemos a poner en duda.
Porque nadie debe ignorar que esos gestos presidenciales acompañan toda una política de gran ajuste que el país que fuera parte de Yugoslavia lleva adelante para acomodarse a sus posibilidades presupuestarias actuales.
Si la presidente y solo en caso de necesidad diplomática como ésta, viaja y en clase económica, es difícil plantearle al gobierno que la «gente» tiene problemas para vacaciones o viajar por el mundo.
La sociedad argentina como sabemos, re-niega de su enfermedad, pero rechaza siempre los remedios.
Vale recordar que al momento de partir del predio de Ezeiza, la delegación argentina recibió la visita del presidente de la nación que en nombre de la representatividad que ostenta fue a despedir a la selección. Al menos seis jugadores, entre ellos el subcapitán y líder Mascherano se negaron a la foto con el presidente. Y resultó notable observar como en las redes sociales, muchos justificaron y hasta aplaudieron ese comportamiento de los jugadores en casos por las políticas que lleva adelante el gobierno argentino (que claramente no entran en análisis en un acto como éste) y otros tantos, muy leídos aquí, señalaron que «el fútbol no tiene nada que ver con esto y los que no quisieron sacarse la foto son solo jugadores de fútbol».
¿Alguien imagina a un jugador croata re-chazando una foto o el abrazo con su presidenta?
Y en tal caso, imaginan lo que de inmediato hubiera decidido el entrenador con ese jugador?
En el caso de la selección argentina, y no es la primera vez, de Rusia regresó a su país (el nuestro) un solo jugador. Al resto ni le interesó volver por acá. Estas y varias actitudes similares mas han sido habituales en los planteles de las selecciones argentinas.
La pregunta es la siguiente: Cómo pueden los aficionados argentinos destacar su admiración por el comportamiento de las delegaciones de otros países y el comportamiento que guardan con sus gobernantes y a la vez aplauden y justifican a los jugadores argentinos que suelen hacer todo lo contrario?.
Una vez mas queda claramente demostrado que a los argentinos, nada nos gustan las enfermedades que nos afectan, pero en igual medida, nada nos gustan los remedios para curarla.
Por eso, pensar que bien nos vendría en la Argentina una presidente como Karolina Grabar Kitarovic como en los mismos medios sociales se ha repetido es casi una ironía. Este tipo de remedios a los argentinos nos causan alergia. Y los rechazamos.
Preferimos seguir aplaudiéndolos en otros países del mismo modo que aquí ovacionamos a quienes hacen todo lo contrario.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 21 de julio de 2018)
