La columna del domingo “EL PLANO INCLINADO QUE TRANSGORMÓ A LA MAESTRA EN UNA TRABAJADORA”
Por Héctor Ricardo Olivera
La rutina anual del no comienzo de clases en la Provincia de Buenos Aires seguramente ha de repetirse.
Es que Baradel no puede dejar pasar la oportunidad de exhibir su voluminosa figura alcanzada con solo un año de pertenencia al personal auxiliar de un Instituto de formación docente en Brandsen.
Resulta entonces natural que no debe ser fácil hablar de Educación con alguien ajeno a la experiencia de estar en un aula al frente de un grupo de alumnos.
Como siempre, la discusión poco y nada tiene que ver con aspectos técnicos de la docencia sino que se limita a discutir el monto de los sueldos.
Surge aquí un error de la conducción oficial que lleva a cabo las reuniones en el ministerio de Economía cuando correspondería hacerlas en la sede de la Dirección de Escuelas.
Sería solo un gesto, pero en la vida de la sociedad los gestos dicen muchas veces más que las palabras.
Lo cierto es que el Gobierno de María Eugenia Vidal ha propuesto un pago adicional vinculado al presentismo, que es para los sindicalistas como un fantasma que los aterroriza.
En este sentido, hay que decir que los datos oficiales anuncian que el año pasado se gastaron nada menos que 19.000 millones de pesos para pagar suplencias de maestros, suma que claramente indica el nivel de ausentismo.
Este dato puede ser fácilmente corroborado por mamás y papás que ven como sus chicos un día entran a las 9,30 o salen a las 10,50 por falta de maestros.
La reducción de la Educación a una discusión de precio es desconocer su importancia y jerarquía social.
En un Mundo globalizado la brecha entre nuestros chicos y los de otros Países del planeta nos coloca en clara desventaja.
Lo mismo ocurre con los que pueden ir a escuelas privadas donde los maestros no faltan respecto de la pública que es la más afectada por licencias de dudosa verdad.
El deterioro de la calidad del servicio educativo comenzó cuando los maestros toleraron la maniobra que los hizo sentir “trabajadores de la Educación”.
Naturalmente que la actividad docente se inscribe en el genérico del trabajador, pero la definición es mezquina porque deja de lado un aspecto diferencial que lamentablemente se ha perdido.
No es lo mismo un obrero de una línea de producción de una industria cualquiera del que se requiere conocimientos y habilidad para controlar un producto final inanimado.
El maestro trabaja con seres vivos a los que además de conocimientos, debe inculcarle valores, normas de conducta y de vida, espíritu crítico y elementos ciudadanos.
La creación de la CTERA, (Confederación de trabajadores de la Educación de la República Argentina) se llevó puesto el contenido de profesionalismo e incorporó con espirito populista y presuntamente proge la figura del obrero imaginado por fantasías revolucionarias.
Así se perdió la maestra, “la señorita” que las familias llamaban la segunda madre y hacían de la escuela la segunda casa.
Por eso los mayores podemos repetir de memoria la lista de nuestras lejanas maestras y no pueden hacerlo los que hace apenas dos o tres años terminaron la primaria.
¿Cómo habrían de hacerlo si en un año pasaron dos o tres maestras por ausencia de la titular, la suplente y la suplente de la suplente?
La falta del lazo afectivo deteriora el proceso cognitivo y anula talentos.
¿Qué pasaría si le preguntaran a cada maestra cuáles fueron los libros que leyó cada año?
No es este un ensañamiento, sino apenas la corroboración de los controles nacionales e internacionales que dicen que la mitad de los chicos de 15 años no comprenden lo que leen ni saben hacer un cálculo matemático de liviana complejidad.
El Mundo ya está viviendo la revolución científica y tecnológica que clausurará puestos de trabajo en algunos lugares pero simultáneamente requerirá servicios en otros.
Es para esos otros que los chicos deben ser preparados.
El Gobierno Nacional ha puesto en marcha un programa gradualista para corregir la crisis económica heredada de la gestión anterior.
Posiblemente para encarar la crisis educativa el mismo gradualismo no alcance.
Hay que actuar con rapidez sabiendo que las maestras, (muchas), no son lo mismo que los sindicalistas, (todos), que lamentablemente ellas mismas eligen.
La burocracia impide y el futuro exige.
La elección no puede ser otra que la de pensar cambios que hagan de los maestros profesionales de la Educación y de los alumnos ciudadanos de un Mundo que reclamará de ellos capacidad de adaptación a las nuevas demandas.
