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Editorial: Revisar la herencia y sincerarse, también con uno mismo

En días en que están comenzando nuevos mandatos de gobierno en todos los niveles, resultaría muy útil que no solo aquellos que reemplazan a gobernantes de otros signos políticos se esfuercen en observar los errores cometidos por sus antecesores y anuncien con rapidez y contundencia las modificaciones de políticas, cambios de rumbos y metodologías y lleven adelante anuncios y medidas que suelen llamarse generadoras de poder.
Algo más o menos así se observa en el gobierno nacional y también en la provincia de Buenos Aires. Pero a la oportunidad «la pintan calva» para que aquellos que han asumido reemplazando a amigos del mismo signo, también se atrevan a poner en práctica una palabra que es muy utilizada por estas horas: sincerar las situaciones. Sin eludir algún reconocimiento por cuestiones que han sido bien ejecutadas o administradas, el énfasis mayor que se espera de un gobierno es pensar y actuar por lo que falta o está mal hecho.
No son meros comentaristas o historiadores los gobernantes para llenar sus días elogiando aciertos (reales o supuestos) de sus amigos anteriores, porque nadie los elige para ello. Lo que falta hacer es la cuestión.
Y lo dicho es válido también para quienes se suceden a si mismo. Quienes hace unos días han recibido sus propias herencias. Tal el caso de nuestro distrito. Al menos resultó alentador que en su discurso de asunción el intendente no se detuviera demasiado en repetir los logros de sus años anteriores. «Eso ya lo votó la gente» dijo y no está mal que así lo entienda.
Aunque parezca un tanto más difícil analizar su propia gestión, el gobierno municipal se haría un gran favor si antes de ingresar de lleno en la tarea cotidiana, se hace a si mismo su propio sinceramiento. Seguramente en ese balance surgirá la necesidad de revisar, corregir y modificar gran parte de su política de servicios. Un serio inconveniente que afecta a muchos de los gobiernos comunales es la prestación casi básica de un municipio: prestar como corresponde el Alumbrado, Barrido y Limpieza.- Debe agregarse a ellos el mantenimiento y conservación de la red vial del distrito.
No escapa General Paz y su ciudad cabecera al deterioro de estas prestaciones, de algún modo aceptadas por sus autoridades lo que no está mal, pero al margen del reconocimiento su responsabilidad es corregirlo.
Los medios de prensa que tenemos la posibilidad de dialogar permanentemente con las autoridades (en eso nada debe decirse del actual gobierno) hace tiempo que escuchamos sobre equipamientos que salieron de uso por desperfectos, ya estarían para volver al servicio y otros serán reemplazados. Pero el tiempo pasa y la barredora o no volvió o se la ve poco; la recolección de residuos es cuanto menos precaria, los camiones que se usan no lucen de la mejor forma y el mantenimiento de las calles suburbanas hace tiempo que dejó de ser el deseado.-
La situación del alumbrado público ya es límite. No hay nadie que no se asuste de la oscuridad de nuestras calles, incluídos los que se pelean entre sí por quien debe hacerse cargo de ese servicio. Hace demasiado tiempo que el gobierno municipal se pelea (en privado y en público) con la cooperativa de electricidad; llegó a anunciar la creación de una cuadrilla municipal para atender tal menester y el intendente amenazó públicamente con intervenir la cooperativa. Lo que no mostró el gobierno fue un gesto de comprensión de una realidad que no se puede tapar: las políticas nacionales tarifarias de electricidad han sido tan nefastas que es un milagro que alguna prestadora de ese servicio aún quede en pie. Por si alguna duda quedaba, el flamante ministro de energía de la nación, acaba de declarar la emergencia eléctrica hasta diciembre de 2017. Nada menos.
Esto por si solo no lava alguna responsabilidad que la entidad prestadora ranchera tenga en la cuestión, que seguramente ha de tener. Pero no es a los gritos como se hará la luz sino asumiendo las realidades tal como son (o fueron en todos estos años) y buscando consensos.
Los vecinos quieren las calles iluminadas y no los culpables de la oscuridad.
La otra situación que debiera estar resolviéndose en los próximos días es la puesta en funcionamiento a pleno de la planta de recepción, separación y reciclado de residuos, tal como fuera ampulosamente presentada poco antes de las elecciones de agosto. El anuncio, del que este medio se hizo eco generosamente resulta por cierto muy interesante, pero los residuos domiciliarios no se procesan con conferencias de prensa. Hay que poner la planta en marcha.
Vale agregar que la red vial del distrito también está reclamando nuevos equipamientos y mayor atención. Si se cumplen los anuncios que hace el gobierno nacional de duplicar la producción de cereales, carnes, leches y en general del campo argentino, habrá que poner atención en el cuidado de las vías por donde entran los insumos y salen los productos de esos campos.
Finalmente, vale decir que deberán los diferentes gobiernos replantearse obsoletas políticas de subsidios que hace años han dejado retrasados los valores que se abonan por estos conceptos. Deberán entender los gobernantes que cobrarle a un vecino propietario menos de un peso por día para recogerle la basura que ese vecino produce, llevarla a planta, procesarla y darle destino final carece de todo sustento. No imponerle a quienes deben solidariamente pagarle al estado lo que corresponde para poder ejercer el derecho a recibir buenos servicios es una vieja práctica populista que es propio de políticos que piensan en los votos de la próxima elección, pero no de gobernantes que atienden los derechos y obligaciones de los ciudadanos.
Por lo tanto, aprovechando la moda del término «sincerar», nada mejor podría ocurrírsele al gobierno que hacer un gran análisis introspectivo de su propia herencia y plantearse de cara a un nuevo mandato, las prioridades por atender y la mejor forma de hacerlo para el bien de todos.

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