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Editorial: ¿Qué se esconde tras el extraño designio del Concejo Deliberante ranchero?

Sin necesidad de ir al archivo de este medio podemos asegurar que la cuestión que hoy abordamos debe tener no menos de seis o mas antecedentes, sobre todo en procesos de campañas electorales y principalmente en las llamadas de medio término o legislativas.
Naturalmente que se desprende de esta breve introducción que mucha respuesta la cuestión no ha tenido para que requiera tanta insistencia en la misma. Se trata de la (des)organización institucional en la que funciona el Concejo Deliberante local, sin alusión al concepto que merezcan sus integrantes y las aptitudes y limitaciones de las sucesivas conformaciones que ha tenido el Poder Deliberativo.
Es que resulta tan absurdo lo que ocurre con la forma de operar del Concejo de General Paz que llega a esta altura a conformar un verdadero intríngulis y un desafío a la intriga entender que razones o causas se esconden detrás de la vidriera de la realidad para desentrañar el porque éste es el único Concejo Deliberante de la provincia que funciona fuera de todas las reglamentaciones que ordenan su existir.
Cierto es y nadie lo desconoce que la formación y criterio de caudillos ejecutivos y porque no personalistas como quien ha gobernado -desde el despacho o desde afuera- durante casi los 34 años de recuperada democracia, carecen de la vocación necesaria como para ocuparse mucho de cuestiones tan básicas como que el Poder que representa al pueblo no sea una dependencia dentro del edificio ejecutivo, sino un poder que funcione de manera separada y sobre todo gobernado y a disposición de sus verdaderos propietarios: la ciudadanía y los concejales Y lo mínimo que esto impone es una sede propia, con puertas abiertas a la gente las 24 horas de todos los días y las llaves de acceso en poder de los diversos bloques que lo conforman.
Ni hablar del presupuesto pertinente. La ley orgánica de los municipios establece claramente un porcentual del presupuesto anual municipal para que sea administrado por los ediles que naturalmente deben rendir tantas cuentas como hace el ejecutivo con el suyo. Digamos para no generar falsas alarmas que ese presupuesto no supera el 3 % del total del ejercicio y fundamentalmente tiende a que el otro poder del estado municipal no deba estar pidiendo permiso para publicar una Ordenanza que considera que la ciudadanía debe conocer, o comprar una resma de papel sin mas trámites.
No es menor la cuestión del ordena-miento de la sala de sesiones por bancas. Hasta parece un tanto ingenuo tener que mencionar bancas que en este caso no existen y son pretendidamente reemplazadas por «sillas alrededor de una mesa» cual si se tratara de un almuerzo de la popular conductora televisiva.
Solo falta el menú.
En este contexto, que la presidente del cuerpo pretenda hacer cumplir el reglamento es casi un mal chiste. Cuando se acepta funcionar transgrediendo todas las normas básicas durante mas de tres décadas, es impresentable hablar luego del reglamente para otros menesteres.
Cuando se decide jugar un partido de fútbol en una cancha que no tiene las medidas reglamentarias, ni posee arcos, ni están marcadas las áreas, que árbitro podrá imponer el reglamento para cobrar un penal.
Y esto, aún mas burdamente ocurre con el poder de la ciudadanía. Al que nadie como este medio le exige mas y lo critica tanto. Pero nos gustaría también que alguna vez sean justos con ellos mismos exigiendo lo que la ley les obliga a tener.
¿O será que sienten culpas de ser concejales y entonces creen mitigar algo dejando pasar prácticamente todo lo que les corresponde por derecho?.
En la campaña pasada una actual concejal opositora de licencia tomó este tema en la campaña y ante nuestro beneplácito lo difundió y lo defendió. Pasaron dos años y no fue capaz junto a su bloque de presentar un proyecto de Ordenanza al respecto.
Ni para cumplir con su propia promesa. Si la oposición hace esto, deberemos esperar que sea el oficialismo el que contra los «gustos» del ejecutivo alguna vez le de al pueblo un respetuoso derecho: el de un lugar que le corresponde en forma y funcionando como marca la ley.

(Editorial publicada en la edición del sábado 29 de Julio 2017 en TIEMPO de Ranchos)

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