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Editorial: La lealtad a Rosas después de Caseros

En la segunda quincena de octubre de este año, el peronismo y los peronistas tendrán un desafío histórico. Y no será en domingo: el jueves 17 no podrán obviar que ese es el Día de la Lealtad. Aquél que se instituyera para refrendar la obediencia y el compromiso con el creador del Movimiento Nacional mas importante del siglo XX en América Latina.
Resultaría una descripción interminable recordar las frases inmortalizadas que llenan la historia del peronismo que hacen de la doctrina nacional del general su bandera y de la figura del tres veces presidente su rumbo y destino.
Pero tal vez alcance como síntesis la muy repetida: la vida por Perón. Podría recordarse parte de la marcha que enrojeciera durante tantos años las gargantas de millones de argentinos. Y naturalmente de todos los dirigentes que durante todos estos años anteriores llegaron y disfrutaron del gobierno nacional y de varias provincias al amparo del peronismo.
«Perón, Perón que grande sos». «Mi general cuanto vales». Y podríamos seguir un rato.
La marcha sigue estando aunque durante el último gobierno nacional, llegado a ese sitial en 2003 solo por la decisión de un dirigente peronista como Eduardo Duhalde, se cantó poco y nada. El PJ sigue haciéndose llamar el gran movimiento nacional, los demás símbolos también, pero resulta que a horas del vencimiento de la presentación de las listas bonaerenses, el presidente del partido Fernando Espinosa integra una alianza que lidera Cristina Fernandez de Kirchner donde por propia decisión dejaron afuera al PJ. Y el vicepresidente del justi-cialismo nacional Daniel Scioli integrará las listas de esa alianza y seguramente terminarán enfrentando a quien decida ir como candidato justicialista, el ex ministro Randazzo (no mencionamos a otros que como útiles a Cristina le harían la interna al ex ministro).-
La dirigencia justicialista enfrentan al PJ. Ni en un rapto de lucidez desbordante, al notable guionista César Bruto (el de Tato Bores) ni a Juan Carlos Mesa se le hubiera ocurrido una historieta así.-
Y ahí van todos los intendentes «peronoistas» de pura cepa como majadas atrás de la ex presidenta sin poder explicar en nombre de que lo hacen.
¿De la obediencia partidaria ? Está claro que no.
¿De la renovación del peronismo?. Mas evidente aún que tampoco. ¿ En nombre de representaciones?. Sería un mal chiste decir eso cuando tienen escrito hasta en la piel que la «señora» y su lapicera son los únicos que arman las listas y que los territoriales solo son invitados a hacer número y aplaudir pero jamas a decidir nada.
Les dejan hacer reuniones y debates entre ellos que nunca sirvieron para nada.
Pero ahora afuera del PJ.
Los que durante muchos años advertimos que el peronismo estaba repitiendo la historia que el «manco» Paz le pronosticara a su eterno adversario Juan Manuel de Rosas. «No le armen mas ejércitos para enfrentarlo que quien lo destruirá saldrá de sus propias filas» dijo el notable estratega militar cordobés.
Y pronto llegaría el federal Urquiza para vencerlo y terminarlo en Gran Bretaña.
Al peronismo poco menos que invencible en las urnas, le llegó cual general entrerriano el kisrchnerismo.
Y aunque las cuestiones estaban a la vista, y era evidente el camino por el que llevaban al movimiento creado por quien ha merecido por parte de la señora Cristina (siendo presidenta del país) la descalificadora y grosera afirmación de ser «un viejo pelotudo», ni siquiera los resultados electorales de 2013 con dura derrota en Buenos Aires y en los principales distritos del país (Santa Fé, CABA, Córdoba, Mendoza) les sirvió a estos dirigentes y a la pléyade de intendentes. Es cierto que «todos» en privado aceptaban estar buscando la puerta de salida, pero su poca estatura «política» no les permitía saltar.
Y así llego el 2015. Llegó la batalla de Caseros de Rosas.
Derrota en las elecciones presidenciales. Derrota en el primer estado argentino. Posturas vergonzantes como no haber cumplido con el ritual de entregar el mando al nuevo presidente.
La mayor cantidad de denuncias por corrupción que pueda registrar un gobierno que afectan a la propia presidenta, a quien fuera su vice, sus principales ministros y hasta con casos que no se pueden ni discutir como los bolsos de López.
¿Quién podía creer en el futuro de Rosas tras Caseros?.- De hecho, nadie lo hizo.
La pregunta es pertinente. ¿ Quién podía creer en Cristina después de todo esto?.
Prácticamente todos los peronistas. En la antesala de los comicios de 2017 siguen creyendo lo mismo, actuando de la misma forma y consumiendo el relato que les hacen un pequeño grupito de dirigentes que son parte de la familia. Ni siquiera la caótica y terminal situación de Santa Cruz, la provincia manejada por ellos durante décadas y hoy convertida en la de peor situación del país les sirve de referencia.
Una lastimosa postal. Hasta dolorosa para algunos dirigentes a los que se puede estimar como personas pero que pese a largas trayectorias terminan dando una muestra de incapacidad y hasta de falta de dignidad política que golpea. Y esto pasa aquí también.
Nunca nos podrán explicar y menos que entendamos cual es la razón política (o al menos la excusa) para que un veterano y verdadero líder histórico del peronismo lugareño, sin la mas mínima necesidad de «ayudas de arriba» para seguir disputando el respaldo de los rancheros, se haya prestado a este histórico asesinato del armado institucional del justicialismo para tener que esconderlo incluso en su propio distrito a la hora de las urnas porque poco le suma y por el contrario pone en riesgo esa historia victoriosa.
Por cercanías personales esto nos duele. Por objetividad periodística todo nos avergüenza.
Para mal o para bien, Caseros y Urquiza cambiaron la historia argentina hace 160 años. A nadie se le ocurrió después de ello ir a buscar a Juan Manuel para que comandara ningún ejército.
En la argentina actual, Caseros ya pasó y estos soldados de la causa, siguen haciéndole la veña cual esclavos a Cristina, la gran Sultana. Y lo peor es que creen que siguiendo el mismo camino de tantos años habrá nuevo Caseros y hasta que ganarán la batalla.
Claro que un par de días antes de la gran batalla, se reunirán para «festejar» el Día de la Lealtad. ¿O este año lo pasarán por alto?

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 24 de junio de 2017)

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