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Editorial: Era normal…., en otros tiempos

En esta misma edición y con un espacio destacado se difunde la buena acción llevada adelante por un joven oficial de policía ranchero afectado al Operativo Sol que se haya trabajando en la costa atlántica. Lo mas interesante es que el elogio a lo hecho por el joven oficial surgió de una señora que sin tener idea de quien se trataba la ponderó a través de las redes sociales, a partir de lo cual surgieron miles de comentarios entre los que no faltan aquellos que afirman «no todo está perdido», «un verdadero ejemplo» y hasta se sumaron de parte de sus conocidos algunos «genio», «Una persona extraordinaria» etc. etc.-
Para que no queden dudas del espíritu de este comentario editorial, repetimos que fuimos nosotros en nuestra página de facebook los primeros en tener confirmada la noticia y los primeros en difundirla por una gentileza de algunos de sus compañeros en la costa que nos pasaron «el santo». Y los primeros en hacerlo de forma destacada como se merece.
Para quien aún no se informó de lo sucedido, el joven oficial Emanuel Susundegui, de servicio en la zona de un supermercado en Miramar, al ver a dos ancianas que se aprestaban a cruzar una esquina complicada (con una diagonal sumada) las siguió de cerca, se plantó a parar el tránsito y las acompañó hasta que las señoras estaban a salvo del otro lado de la calle.
Eso hizo un oficial de la policía. Con alguna disidencia y con acusación de minimizar lo hecho: ¿Podríamos condenar a alguien que al leer lo ocurrido reflexione mas o menos así: «Solo hizo lo mínimo que correspondía hacer».- O «Cualquier persona de bien ayuda a un anciano, un ciego o una persona de ciertas capacidades diferentes».- Y esa persona seguramente agregaría: «Merece tanta alharaca lo hecho por un servidor público, recién formado, joven y al que se lo preparó para estas cosas?».
Nos resulta interesante y para nada descabellado plantear este debate. Habrá que aceptar que desde una mirada ascéptica y retrospectiva hay en este último planteo mucho de lógica pura. Y es a partir de esta postura donde merece ser visto y analizado el caso.
La acción de mínimo sentido común realizada por el joven oficial ranchero ya forma parte de las esenciales formas de convivencia que hemos perdido los argentinos. Y por las cuales casi desesperadamente una enorme mayoría (eso al menos creemos) de los ciudadanos clama por recuperar. No se pasa de situaciones emergentes a realidades óptimas de un
solo salto. Ni en el corto plazo. Los argentinos, con la clase dirigente toda al frente nos fue llevando en los últimos años a un clima de violencia verbal, psíquica y naturalmente también física que ya ha penetrado en la formación de los niños, que casi desde el vientre de la madre vienen con una violencia incorporada que no existía en otros tiempos.
Lo que siempre se conoció como buenas costumbres es algo mas prehistórico que los dinosaurios. Este autor suele compartir parte de su tiempo un departamento que se integra en un piso con tres departamentos mas, uno de ellos habitado por el dueño de los mismos. Hace meses, que en los otros dos departamentos viven personas jóvenes con las cuales naturalmente nos cruzamos en el palier, en la entrada o salida del edificio. Luego de dos o tres meses de decir «Buen día», «Buenas tardes» «Que feo se ha puesto el día» sin que jamás recibiera de respuesta siquiera un gesto, naturalmente he tenido que optar por no dirigirles mas la palabra. Y no son extranjeros. Son personas de pueblos del interior como es Ranchos.
¡Al diablo que con las relaciones entre vecinos!. Nada o muy poco de eso queda.
Ante ello: Si queremos recuperar y alcanzar altos objetivos, es imprescindible comenzar por las pequeñas cosas que ya perdimos. Y los primeros que deben trabajar por ello son los dirigentes de todo tipo.
Los gobernantes, los políticos, los gremialistas, los periodistas. Alguien debe decirle a una señora como Hebe de Bonafini que su lucha es inconmensurable, pero su accionar y su mensaje actual conforman delitos. Que el señor Gamez puede ser el presidente de Velez Sarsfield pero debería pagar por decir que el presidente de la nación es « Un h… de P…» y algo mas. Y así por todos y cada uno de los que no solo no hacen nada por recuperar lo perdido sino echarle más nafta al fuego.
Esto es la Argentina actual. Un país «devastado cual Bagdad» en su convivencia. Contradiciendo la frase del viejo Perón, ya para un argentino no hay nada peor que otro argentino. Sin importar mucho su condición. Lo que era un imperativo como ayudar a un ciego ahora se volvió en la viveza doble: el ciego que no es ciego y lo simula para sacar ventaja y los otros que al verdadero ciego le roban las monedas.
¿Hay país posible así?.- En el juego real de vigilante y ladrón muchas veces se equivocan la «casita» y aparecen invertidos. El empresario que llega a un funcionario para realizar un trámite, mas que preguntar por las condiciones que debe reunir, pregunta cuanto tendrá que poner. Y la lista sigue. Y entonces. Entonces. Es en este contexto que el ciego que es ciego porque perdió la vista y pide una ayuda es valorable. Solo porque no se hace el ciego.
Y los que pasan y no les roban las monedas merecen ser destacados. Y los policías que hacen de policías también. Y si los dirigentes, aunque no hagan mucho mas, si al menos son respetuosos en este país de hoy ya están haciendo un aporte.
En ese contexto, solo en ese, debe merituarse lo hecho por el joven oficial Susundegui. Por hacer algo muy normal, pero de otros tiempos. Por mostrarnos que en los pequeños detalles podemos empezar a cambiar para aspirar con el paso del tiempo y otras generaciones a modificar cuestiones mas profundas. No minimicemos. No restemos valor. Volver a recuperar el trato del barrio. Los gestos de convivencia respetable. Y como titularámos un editorial hace pocas semanas, hacer que cada zapatero se ocupe de su zapato en este contexto tiene un valor superlativo. Y es en ese contexto donde ubicamos lo del oficial
ranchero.
Ojalá vuelvan los tiempos donde lo razonable sea la opinión del otro señor: «Qué hacer tanta alharaca si hizo lo que hay que hacer»

(Editorial publicada en la edición del viernes 20 de enero de TIEMPO de Ranchos)

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