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La Columna del Domingo por Héctor “Cacho” Olivera: “LA FÁBULA DEL CABALLO Y EL DRAGÓN”

El término fábula remite a un género literario de antigua data escrito generalmente en prosa corta en que sus personajes son animales.
Se caracteriza por una primera parte que presenta a los protagonistas, una segunda que desarrolla la trama de sus conductas y una final, con sentido didáctico y contenido moral conocido como “moraleja”.
El autor más notable es Esopo, escritor de la antigua Grecia del que no hay demasiados datos biográficos confiables.
Generalmente se lo ubica alrededor de los años 600 ac. Y se supone que fue esclavo luego liberado por su dueño.
Sus obras fueron continuadas por otros escritores en distintas épocas.
Se pueden citar a Jean de la Fontaine en el siglo 17 y Félix María Samaniego en el 18.
Todos alguna vez leímos “La liebre y la tortuga”, “El león y el ratón” o El águila y el escarabajo”.
La referencia a las fábulas se vincula a lo que podría ser un nuevo aporte literario delincuencial del kirchnerismo.
La literatura universal sería depositaria de una nueva fábula titulada “El caballo y el dragón”, en la que sus personajes serían el “Caballo” Suárez, secretario general del Sindicato de obreros marítimos unidos,(SOMU,) hoy preso, amigo del Papa y querido de la ex Presidenta.
Su compañero de aventuras fantásticas sería el dragón que adornaba el jardín del palacio en que vive el que fuera funcionario del Gobierno de Daniel Scioli y administrador de los millones de su campaña electoral.
Como es sabido, además de la denuncia del pésimo gusto ornamental del tal Walter Carbone, el dragón tenía en su vientre una caja fuerte, en una exhibición de delirio que jamás pudo imaginarse ni el mismísimo Esopo.
Es que la imaginación nos queda chica a la hora de comprender el grado de corrupción de que fuimos víctimas los argentinos durante una docena de años.
Procurando acceder a la moraleja de esta versión encarnada por el caballo y el dragón, puede servir recordar la del “escorpión y la rana” de autoría del padre griego del género.
El escorpión le pidió a la rana que lo cruzara sobre su lomo de un lado a otro de un arroyo.
En medio de la travesía el escorpión picó a la rana que, ante su pregunta de por qué ´lo había hecho y seguro de la muerte de ambos, recibió como respuesta: “está en mi naturaleza”.
Igual le cabe al dirigente sindical y al dragón con la caja fuerte en sus entrañas.
La corrupción “está en su naturaleza”.
Moraleja: “no tropecemos con la misma piedra”

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