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Editorial: El conflicto de la cooperativa y una lección que no debemos olvidar

La decisión de la conducción de la cooperativa de electricidad de despedir a dos trabajadores a los que, tras un sumario administrativo consideraron responsables de acciones que perjudicaron de manera importante a la entidad y ya sin la necesaria confianza que debe imperar en un equipo de trabajo, generó una reacción natural y hasta podría decirse normal del gremio que nuclea a los trabajadores de Luz y Fuerza.
En ese contexto, no deberían extrañar los reclamos y las primeras medidas de fuerza que incluyeron paros parciales y hasta alguna jornada en la que solo se cubrieron las guardias. La intervención del ministerio de trabajo ordenando la conciliación obligatoria llamó a las partes a dialogar y procurar un acuerdo que no fructificó. En ese interregno, la cooperativa realizó una denuncia penal ante la justicia contra los empleados despedidos por el perjuicio ocasionado, según el entender del consejo de administración.
Este acto no debe ser un dato menor para ninguna de las partes ni para el espectador ajeno. La cuestión pasó al ámbito judicial que deberá responder si las acusaciones que motivaron el despido tienen o no funda-mento. Y además atenerse a las consecuencias que en ningún caso pueden ser leves.
El sentido común indica que así planteadas las cosas, de resultar ciertos los motivos de la denuncia y ratificar la justicia las irregularidades, lo que se llama defensa de los derechos del trabajador pasaría a ser lisa y llana-mente la pretensión de amparar y cubrir actos penados por la ley. Y así visto, ese mismo sentido común lejos está de andar en esa dirección.
Por el contrario, si la justicia termina desestimando la denuncia – el gremio la ha considerado una causa armada – y señalando la inocencia de los trabajadores, será la hora no solo del resarcimiento pertinente a los afectados sino de las acciones de réplica contra los conductores de la entidad que hayan tenido tan mala praxis.
Dicho de otro modo: instalado el caso en la justicia no hay mas lugar para que otras vías alternativas procuren dar el veredicto que ya pasa a ser exclusiva responsabilidad de jueces.
Y por lo tanto, todo indicaba que ante la falta de otros acuerdos, lo imperativo era garantizar los derechos de las partes (por un lado los dos trabajadores y por el otro, todos los socios de la cooperativa que son sus verdaderos dueños). En el caso de ambos empleados, resulta evidente que mientras se sustancie la causa, se impone en primer lugar desde el gremio y luego de otros sectores que incluyen a la cooperativa misma, sostenerlos y garantizarles la dignidad que toda persona merece mientras no se confirmen las causas de las que se los acusan. Este ya era por si solo un desafío trascendente para esas partes, para el estado municipal visto primariamente por quienes mas cerca deben estar de todos los vecinos que son los concejales.
Pero nada de esto se hizo. Y casi todo lo contrario.
Sin que pudieran llegar a cruzar siquiera un diálogo telefónico las máximas representaciones (el secretario general del gremio y el presidente de la cooperativa) comenzó una escalada de tal magnitud que no hacía falta ser muy ducho para comprender la barbarie desatada. Apenas finalizado el plazo de la conciliación, en el acta misma firmada en el ámbito del ministerio de trabajo de la provincia, los representantes gremiales (que dijeron mas de una vez que era imposible hablar con el secretario general Guillermo Moser) hicieron constar que iniciaban un paro por tiempo indeterminado. Y a poco andar, la cooperativa dejó de tener hasta las guardias imprescindibles para atender emergencias, mientras se tomaba conocimiento que se preparaba «una lección ejemplar para el lunes pasado».
Por cierto que, aunque con el sentido opuesto al que predicaban sus mentores, la lección llegó claramente el lunes. Somos muchos miles de rancheros los que jamás olvidaremos esta jornada negra, humillante, violenta, ajena a una sociedad tranquila y respetuosa como la ranchera.
Pero tan ajena al objetivo planteado de defender los derechos de alguien como lo anterior. Trasladados en tres colectivos de gran porte, llegaron temprano a Ranchos algunos viejos y verdaderos gremialistas, mezclados con agitadores, actores de reparto de pique-tes de otros tiempos que a fuerza de su prepotencia llenaron la mañana ranchera de bombas de estruendo de gran potencia, de humo intoxicante todo un gran sector de la ciudad, hicieron abuso de la actitud de las autoridades de la entidad que ni siquiera le cerraron las puertas de la cooperativa y se sintieron los verdaderos dueños de esas calles circudantes y hasta de las que, entre otras cosas que hemos verificado y padecido ,impedir que algunos pacientes pudieran retirar los medicamentos de una farmacia ubicada a metros del lugar.
Todo en medio de la gran pasividad ranchera. Pero con un agregado: mientras se repartían panfletos que acusaban a la cooperativa de «politizar el caso», los visitantes como defensa de los derechos de los trabajadores cantaban la marcha peronista (lo mismo diríamos si hubieran cantado consignas de cualquier otro partido político). Y para que no queden dudas que era una jornada de verdadera lección, la presidente del Concejo Deliberante y dos concejales oficialistas se acercaron al lugar (lo que merecería distinguirlos), pero no para reunirse con ambas partes, procurar acordar una tregua, conciliar. NO:
Lo hicieron para ponerse en la calle claramente del lado de «los visitantes de los colectivos». De los tirabombas. De los generadores del humo. De los que ingresaron a las oficinas y rompieron mucho.
¡Como si del otro lado, adentro de la cooperativa, no hubiera personas, rancheras, trabajadores y ciudadanos a los cuales se supone que esos concejales deben representar obligadamente!. Pareció que la consigna era tomar posición. Y avalar una metodología que por cierto de ahora en mas será como un estigma que no podrán quitarse jamás. Habrá que ver que arguyen si un día le toman por asalto el propio Concejo Deliberante en nombre de no estar de acuerdo con alguna ordenanza que sancionen.
El resto de los concejales, seguramente muy permeables al humo ni se enteraron de lo que ocurría.
No será fácil olvidar lo vivido. Y no habrá que olvidar el rol de algunos protagonistas importantes de la comunidad.
Ha querido la sensatez mostrar que no había desaparecido totalmente. Pocas horas mas tarde, era la máxima autoridad gremial del país de este gremio el que se esforzaba para hallar los teléfonos (parece que algunos de sus colaboradores mucha información no le pasaron) y así logró el del intendente municipal y allí se enteró que podía hablar con el presidente del Consejo de Administración. Y el intendente (i) Alvarez dió otra lección (muy distinta por cierto) y se encargó de hablar con todos (ministerio de trabajo incluído) y se reunió cuatro horas con la conducción cooperativa (que para que nadie dude del espíritu de esta nota, no ha hecho precisamente todo bien) y hace pocas horas se ha iniciado otra conciliación obligatoria y con pocos días por delante todos tienen ahora la enorme responsabilidad de mostrar que son capaces. Inteligentes. Aptos.
No guapos, patoteros, violentos, irrespetuosos. Porque esto es fácil.
Lo complejo es tener imaginación para hallar soluciones lo mas justas posibles.
Hay una nueva oportunidad. Alcanzar acuerdos significa siempre estar dispuesto a ceder algo de lo propio en beneficio del todo. Y esa instancia se abre con poco tiempo y menos margen.
Si eso se alcanza, llegará luego el momento de plantear-se el rol de toda la sociedad. De miles de rancheros dueños de una cooperativa que en cada asamblea tiene 15 o 20 presentes y en general no alcanza a tener la cantidad de socios suficientes para conformar la comisión.
Y después,todos gritamos por todos los medios que exigimos que sean los mejores y no se equivoquen en nada…..
Apenas si son los únicos. ¿Cómo van a ser buenos?.- Los verdaderos buenos estamos en nuestras casas, criticando por los medios, por las redes sociales o en el mercado de la esquina.

Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 30 de julio de 2016)

Una respuesta a Editorial: El conflicto de la cooperativa y una lección que no debemos olvidar

  • adrian basile dice:

    Hace tiempo que no leia un articulo de tanta claridad y que expone lo que sucede en Ranchos y que se reproduce en todo el pais

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