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Editorial: Quien quiera oir que oiga

El país por cierto se encuentra en ebullición, tras las medidas que el gobierno que asumiera hace seis meses tomara para procurar revertir una situación angustiante, límite, pero sagazmente disimulada en gran parte por sus antecesores.
Resulta casi de imposible logro intentar la comprensión de la mayoría de la población sobre el «estado del Estado» al momento de finalizar el mandato del gobierno saliente. Ni las centenares de imágenes que la televisión y las redes sociales han mostrado con las evidencias de la corrupción obscena que no solo alimentó desde sus mas altas esferas ese gobierno, sino que sobran los elementos para comprender que en la mayoría de esos episodios fue el impulsor y beneficiario de esos delitos.
Ni las rutas pagadas mucho mas de lo que valen, pero que no están hechas, sirven para que acepten esta realidad los vecinos de esa misma ruta no hecha. Si algo deberá aceptársele al gobierno auto-denominado de la «década ganada» es que impuso en muchos sectores de la sociedad el nuevo precepto de que la corrupción desde el propio estado y en desmedro de los dineros de todos, no es tan mala.
Es mas: ya existen los que a viva voz sostienen que «la corrupción democratiza la política» como acaban de sostenerlo altos militantes del Kirchnerismo. Según ese concepto, para poder enfrentar a los poderosos de la política hace falta contar con mucho dinero y en esa misión, robar la plata de todos es algo así como un sacrificio necesario. Solo nos queda preguntar después de tamaña afirmación, no re-chazada por UNA SOLA VOZ DEL ANTERIOR OFICIALISMO, que se le podrá achacar al vecino de escasos recursos y que nació pobre, por robarle al vecino «rico» para emparejar posibilidades y «democratizar» la sociedad.
Ante tamañas afirmaciones y concepciones solo queda remitirlas a una sociedad que uno sabe en su mayoría inteligente.
Bastará – y hasta debiera sobrar – las afirmaciones del funcionario del riñón de la anterior presidenta y ex secretario de Comercio Guillermo Moreno que anda por los medios afirmando que el actual presidente Macri es mucho peor que el dictador Videla. No hay declaraciones, ni documentos oficiales de la ex presidenta o sus militantes, rechazando al menos estas palabras.
Por lo tanto lo comparten. Lo sostienen. Piensan así.
Y actúan de tal modo.
Lejos estuvo el matrimonio Kirchner de luchar contra la última dictadura bárbara. Por el contrario: supieron aprovechar en beneficio propio tal situación.
Pero quedémonos en esto: actúan como si en realidad el gobierno nacional, elegido democráticamente, fuera el gobierno de facto de Videla. Basta con solo observar lo que ocurre por estos días, a tan solo seis meses de la nueva gestión. La semana que culmina mantuvo prácticamente bloqueada la ciudad capital del país, con manifestaciones, marchas y paros de cuanto gremio pudieron sumar nuestros venerables dirigentes gremiales, entre otros aquellos que luego de años y años de estar al frente de los mismos, ahora deciden alejarse y se lo pasan a su hijo al mejor estilo de una monarquía. ¡Qué ironía: dicen del gobierno democrático ser una dictadura y sobran entre ellos los que se pasan el poder de padres a hijos!.-
Al momento de este editorial el país está a punto de pararse: con el gremio de camioneros, un día después de las medidas de ATE y otros, el país se queda sin combustible por dos días, también paran los vuelos por medidas de fuerza, probablemente este domingo o lunes falte dinero en los cajeros porque no andarán los camiones de caudales y el gremialista heredero, sin ponerse colorado le dijo a la prensa: «Mirá que te voy a contar a vos que paros vamos a hacer. Habrá varias sorpresitas para el gobierno».-
¿Hace falta investigar mucho para saber que luego de las palabras de Pablo Moyano – de él se trata – todo está a la vista?
Acaba de lanzarse un megaoperativo opositor que tiene por único objetivo dañar de tal forma al actual gobierno que en corto plazo le quede como única alternativa abandonar el lugar para el que fue elegido. Aquello de que en la Argentina, solo puede gobernar el peronismo está claramente lanzado, hasta con la «bendición» sorprendente de algunos extrapoderes.
Es la hora del peronismo que no quiere involucrarse en este macabro operativo, para ponerle freno a esta nueva intentona de volver al pasado.
No se trata, claro está de negar errores en la gestión de gobierno y hasta en algunos casos improvisaciones, que son señaladas claramente por los mas fieles seguidores del propio gobierno. Son muchos los notables seguidores del gobierno de Macri que señalan errores y reclaman rectificaciones, como jamas se vio en los años anteriores. Y eso no es precisamente propio de una dictadura.
Pero una cosa es reclamar, pedir rectificaciones y otra es paralizar el país, copar la ciudad, ollas populares en la calle como si «ahora» hubiera necesidades básicas y poner la situación al borde del colapso.
Es la hora de señalarlo. Nadie pensaba que esto ocurriría a seis meses de un nuevo gobierno y luego de una página nefasta de nuestra historia. Pero todo está a la vista.
Quien quiera ver que vea. Quien quiera oir que oiga. Y los que quieran hacerse los distraídos, lo harán para convertirse nada menos que en los necesarios cómplices de un nuevo fracaso de las ilusiones de millones y millones de argentinos y que está mas cerca de lo que se pueda y se quiera imaginar.

(Editorial publicada en el edición del sábado 11 de junio en TIEMPO de Ranchos)

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