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Editorial: Que una parte de la administración actual no sea cual la herencia recibida

Pocos dudan seriamente y a conciencia que la situación general del país al momento de asumir el actual presidente era precaria por denominarla de manera elegante, y hasta en algunos aspectos mas bien grave y hasta desesperante.
La corrupción, por encima de todos los aspectos, sobre todo en los últimos años hizo de la gestión anterior un verdadero caos que llevará muchos años recuperar, si es que se puede usar este término, porque en realidad como dijera Hernandez en su Martín Fierro sobre la vergüenza, hay cosas que cuando se pierden jamas se vuelven a hallar. El abrigo y calor que debieron brindar las viviendas que no se construyeron, ya no podrá brindarse con retroactividad. Podrán terminarse esas casas, pero el tiempo pasado, ergo, pasó. Los enfermos que no pudieron atenderse en los hospitales que no se terminaron o no se equiparon, ya no pueden atenderse del mal de ese momento. Algunos murieron por ello.
Las vidas que cuestan permanentemente los accidentes viales en rutas destruídas en todo el país, tampoco tienen solución.
Y así podríamos hacer un largo informe de situación, como cantara el progresista Victor Heredia. Y desde una sana posición de equilibrio y razonabilidad, nadie podría discutir mucho estos aspectos.
De acuerdo a ello, pedirle a un gobierno que en algo menos de seis meses, con varios elementos internacionales muy en contra (el caso Brasil por si solo es un gran ejemplo por tratarse del mayor cliente de nuestras exportaciones), ponga cada cosa en su lugar y ca-da lugar con su cosa no sería mas que una ilusión sin sustento alguno en la realidad. Por lo tanto, con errores y aciertos, vale señalar que la actual administración nacional en un contexto mucho mas normal que el heredado, seguramente sería considerada cuanto me-nos aceptable.
Con éxitos como la salida del cepo cambiario, con un alto reconocimiento internacional sobre todo de los países mas poderosos del planeta, con relaciones mucho mas fluídas con todos los gobernadores e intendentes, sin diferenciar sus pertenencias políticas y un clima de amplitud política que había desaparecido en los últimos años, el gobierno
tiene «medallas» para exhibir.
Pero siguiendo el principio elemental que indica que la política tiene como objetivo casi único a la gente, procurando mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos, no hay medalla, por grande que sea que haga perder de vista como «le va a la gente en el día a día». Y ahí es donde, aún aceptando que se estén haciendo todos los esfuerzos para quitarles el costo del actual proceso a los mas débiles, resulta evidente que esos esfuerzos no alcanzan y en algunos casos ni siquiera disimulan las dificultades que deben enfrentar las familias argentinas para atender sus necesidades básicas en muchos casos.
El llamado sinceramiento de tarifas, que ha llevado los costos de servicios vitales como la electricidad, el gas, las obras sociales, los medicamentos, etc. etc a niveles incompatibles con los ingresos de esas familias, hace que la cuestión se imponga por encima de todo otro tópico de discusión.
Porque vale aquí volver a sustentarse en conceptos vertidos mas arriba y en alusión al gobierno anterior.Cuando el costo de los actos de gobierno, se cobran en calidad de vida de los ciudadanos y hasta en vidas concretamente, no hay nada que lo justifique ni lo torne aceptable, aunque se contraponga el mas promisorio de los futuros.
No hay mañana, por mejor pronóstico que se concrete, que justifique el hoy, si este presente atropella hasta la dignidad de los mas humildes.
Y esto, lamentablemente está ocurriendo en la argentina de hoy. Y mas grave aún resulta pensar que si no llegan rápidamente las soluciones puntuales y concretas, pasar el invierno será una prueba muy dura de atravesar para muchos connacionales.
Por lo tanto, es una obvia obligación de los medios de prensa no disimular ni bajar los decibeles sobre esta realidad, procurando poner en el mayor conocimiento de quienes tienen la responsabilidad de modificar este trance la gravedad de la situación.
Gran parte del costo que dejó la herencia no podrá jamás recuperarse. Que la gestión del presente, no termine siendo una herencia a la que mañana debamos calificar de la misma forma.

(Editorial publicada en la edición del sábado 21 de Mayo del semanario TIEMPO de Ranchos)

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