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La Columna del Domingo por Héctor “Cacho” Olivera: “LA GRIETA SE AGRANDA DESDE EL VATICANO”

Respetar al otro y defender su libertad es la mejor manera de ser respetado y asegurar la libertad propia.
En este esquema de pensamiento, esta columna siente la obligación de comentar con sentido crítico las actuaciones del Papa referida a su notoria intervención partidaria en la política de nuestro País.
Es innegable que el Papa Francisco es una figura digna del peso específico del cargo que ocupa.
Sus intervenciones en temas de política internacional y algunas actitudes duras para corregir vicios de larga data en el seno de la Iglesia, (pedofilia y delitos económicos), lo muestran en una faceta que lo destaca.
Pero su condición de argentino nos involucra de manera cercana, quizás porque incluso para él vale aquello de “que va a ser famoso, si vive a la vuelta de casa”.
No se abordarán acá aspectos de la actividad pontificia producidos dentro de la Institución que él conduce, porque esos asuntos deben ser analizados, en todo caso, por quienes son parte de la Entidad que conduce Francisco.
Apenas podría decirse desde afuera y como un observador ajeno a la organización, que hay una especie de hilo conductor de sus actos que parece una forma de populismo religioso que hace todo más fácil, restringe las obligaciones y vuelca siempre para el lado de la dulzura.
Volviendo a la intención de esta nota, lo que debe ser expuesto es la manifiesta condición peronista asumida por el Papa que no es nueva, según sus biógrafos, que lo asocian a la ultraderechista “Guardia de Hierro” en sus tiempos mozos.
Si así fuera, ha cambiado de vereda dentro del espectro peronista porque ahora se muestra efectivamente embanderado en el kirchnerismo, que hoy hasta los peronistas consideran una desviación doctrinaria.
Una larga sucesión de hechos muestran claramente lo dicho.
Hay que recordar que el matrimonio Kirchner jamás lo consideró.
El ex Presidente muerto lo criticó con dureza.
El día de su nominación la Presidenta se encontraba haciendo uno de sus habituales discursos en Tecnópolis y dijo con cara de disgusto que había sido elegido Papa “un sacerdote latinoamericano” en medio de la silbatina de los chicos de la Cámpora.
Aunque entre la Casa Rosada y la Catedral media una cuadra, los Kirchner esquivaron siempre los tedeums oficiales huyendo al interior.
Un par de días después de la elección de Francisco la Presidenta se puso la mantilla y viró sin pudor a las filas de la feligresía.
Así fue recibida tantas veces como quiso en el Vaticano donde pudo enseñarle al Papa por donde se le pone agua al mate y hasta concurrió con una banda bullanguera con serpentina, papel picado, camisetas de la Cámpora y la marchita.
En plena campaña, una foto con el candidato a Diputado Martín Insaurralde junto al Papa se transformó en un afiche que inundó las paredes de la Provincia de Buenos Aires.
Alguien dijo que el Papa fue sorprendido en su buena fe, pero cuesta creer que unos mediocres puedan servirse tan fácil de un hombre inteligente y jefe de una organización que sabe de estas cosas más que nadie.
La marcha pontificia no se detiene.
El rosario de regalo a una mujer jujeña presa por la Justicia por delitos graves no queda bien.
En todo caso, el obsequio procurando educar el alma de Milagro Sala no necesita de la espectacularidad pública que transformó una acción misericordiosa en un acto proselitista.

Por fin, y sería bueno que por último, la noticia de que el Papa a de recibir oficialmente a Ebe Pastor de Bonafini encierra una contradicción de difícil explicación aún para los ciudadanos más cercanos a la Iglesia.
Esa mujer ha cometido actos de violencia verbal y física gravísimos.
Usó el interior de la Catedral como baño, amenazó con tomar el Palacio de Justicia, brindó celebrando el atentado de las torres gemelas.
También es responsable de los manejos turbios de recursos públicos en el plan de viviendas “Sueños Compartidos “y en la Universidad de las Madres que llegó a serlo únicamente por su fanática vinculación con la hoy procesada ex Presidenta Cristina Fernández.
La Conferencia Episcopal Argentina acaba de presentar un documento que denominó del Bicentenario
En sus 83 artículos, con una introducción y cinco capítulos, dice que este es el tiempo del encuentro fraterno de los argentinos.
Deberían ponerse de acuerdo un poco, porque el comportamiento Papal no parece destinado al mismo loable objetivo.

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