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Editorial: Está bueno que existan Fernando y Lucrecia

Cuando en la temprana mañana del 31 de diciembre pasado despertamos, un hecho había sucedido que nos sacudió.
Lucrecia Yudati (31) y Fernando Pengsawath (22) cumplían con su servicio de Policía en el puesto policial de la Ruta 20. De pronto reci-bieron el aviso que una camioneta circulaba por el centro de Ranchos a gran velocidad.
Los Policías intentan detener la marcha del vehículo para identificar a sus ocupantes y como respuesta Lucrecia y Fernando reciben una balacera.
Con el transcurrir de las horas, la noticia se conoció a nivel regional, provincial, nacional y también internacional y los medios nacio-nales comenzaron a llegar.
Los policías de Ranchos habrían sido ba-leados por los «Hnos. Cristian y Martín Lanatta y Victor Schillaci», los autores del Triple Crimen de General Rodríguez acusados de matar a Forza, Bina y Ferrón que fueran hallados en un zanjón el 13 de Agosto de 2008.
Los hermanos Lanatta y Schillaci se habían fugado en la madrugada del 26 de diciembre del penal de alta seguridad de General Alvear y los estaban buscando.
Desde muy temprano, la madrugada, el hecho ocurrió a las 03,26 horas de ese 31 de diciembre, policías, helicópteros y todas las fueras disponibles comenzaron a transitar y con ello el pueblo perdió su calma habitual. Lucrecia y Fernando se debatían entre la vida y la muerte desde Ranchos, donde recibieron las primeras atenciones, fueron trasladados a Chascomús donde les brindaron más atenciones, pero no alcanzó, ambos debieron ser trasladados a un centro asistencial de capital.
Las horas comenzaron a transcurrir, la incertidumbre era cada vez mayor, el estado de salud de los policías era muy complicado, habían recibido varios disparos. En horas del mediodía llegó al lugar el Fiscal Mariano Sibuet que fue recibido por todos nosotros los medios.
Durante todo el día y la tarde noche lo único que se preguntaba «el pueblo» era «cómo están los chicos», «fueron Los Lanatta», «dónde estarán», «están en Ranchos», «fueron para el lado de la estancia La Corona», «están en Chascomús» miles de preguntas y ninguna respuesta. Hasta que ya entrada la noche comenzó a circular la noticia «que los buscaban en el Gran Buenos Aires». Mientras tanto Lucrecia y Fernando seguían peleando por sus vidas. Así de sim-ple. Nosotros nos seguíamos preguntando fueron «Los Lanatta».
Con el correr de los días los policías pudieron declarar ante la justicia y confirmar que habían sido «Los Lanatta».
El miércoles 3 de febrero el Comisario Mayor Fernando Arrubia, en la asunción de las nuevas autoridades policiales, le dijo a los medios locales «hace unas horas visitamos junto al Fiscal Mariano Sibuet a los policías baleados Fernando Pengsawath y Lucrecia Yudati. Se encuentran gracias a Dios, recuperándose lentamente pero muy bien». Ante la consulta de cómo se encuentra la causa, confirmó que «a través de una prueba de ADN en los lentes que perdieron los delincuentes aquí, luego de tirotear a los policías, fueron Victor Schillaci, Cristian y Martín Lanatta los autores del hecho…». Lucrecia y Fernando seguían internados en el centro asistencial Fitz Roy de CABA donde les practicaron más de 60 intervenciones quirúrgicas a ambos.
A Lucrecia las balas le ingresaron en sus piernas.
A Fernando las balas le ingresaron en el abdómen.
Pasaban los días con cadenas de oración, rezos y un pueblo esperanzado por que los «chicos» se estaban recuperando.
Algunos días después pudimos ver fotos de ambos en las redes sociales ¡cuánto nos alegramos» estaban recuperándose y juntos!. A Fernado le cumplieron el sueño de conocer al «Chino» Saja, el arquero de Racing, el club de sus amores que fue a visitarlo al centro asistencial.
El pasado martes en horas de la tarde la noticia llegó a esta redacción: «mañana viene «Fer Pensa» lo vamos a recibir en la ruta 29 con una gran caravana».
Y así fue.
Y otra vez los medios volvimos a encontrarnos.
El miércoles 16 de marzo minutos antes de las 17 horas Fernando Pengsawath regresó a su pueblo.
Bomberos, Policía autoridades y pueblo estuvieron para recibirlo como se lo merece. Lucrecia sigue recuperándose, seguramente muy pronto también tendrá su bienvenida a su querida ciudad.
Fernando fue recibido como un héroe. Fernando transmite paz cuando habla. Fernando no siente odio. Fernando quiere volver a la fuerza y seguramente pronto lo hará, lo mismo que Lucrecia.
Fernando y Lucrecia son policías por vocación.
Y la vocación es una virtud que no abunda. Que no sobra. Y menos en los servicios públicos.
En definitiva, está bueno que sepamos que aunque no abundan existen los Fernando y las Lucrecias. Y además es bueno que sean nuestros vecinos.

(Editorial publicada en la edición del sábado 19 de Marzo 2016 en TIEMPO de Ranchos)

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