EDITORIAL: Final para un sistema agotador y agotado

2 noviembre, 2015 0 Por Grupo Tiempo

La jornada electoral del domingo pasado quedará registrada en la memoria colectiva como el día de la mas larga espera que se recuerde para el conocimiento de los primeros resultados de una contienda presidencial y luego el de las sorpresas que alcanzó a los propios protagonistas de la jornada que ante las cámaras de televisión y junto con los televidentes a seis horas de terminadas las votaciones comenzaron a ver los primeros cómputos que en realidad eran los números oficiales cuando ya se había escrutado el 67 % de los sufragios.-
Todo lo ocurrido merece un análisis serio y profundo. Sin dudas que el principal y mas importante es la necesidad de decirle adiós a sistemas de votación corruptos, tramposos, inentendibles seguidos por escrutinios oscuros, dudosos, manipulados que permiten lo que ocurrió el domingo cuando a la media-noche, sin que nadie supiera un número oficial, unos aseguraban que ganaban en primer vuelta, otros que el gobernador era Anibal Fernandez en la provincia de Buenos Aires y otros, con justa razón le pedían al gobierno (que en la Argentina organiza las elecciones que debiera hacer el Poder Judicial) que comenzara a difundir las cifras que tenía en su poder desde hacia al menos un par de horas y que al parecer solo utilizaba para su conocimiento y manipuleo interno.
Que recién a la medianoche el propio ministro de justicia (todo un inepto como ha demostrado a lo largo de su gestión) apareciera con la pretensión de explicar que para no generar confusiones y otros «bla bla» se había esperado hasta entonces y que a partir de ese momento comenzaría a brindarse datos, tras lo cual sorprendentemente se abrió la pantalla gigante y pudo observarse que se llevaba escrutado el 67 % de los votos !!!!.
No hay antecedentes tan brutalmente descarados en una elección de presidentes en las últimas décadas democráticas. Claro que al aparecer los guarismos, quedó en evidencia la mayor (y tal vez la única razón de esa demora): el gobierno estaba perdiendo en ese momento la provincia de Buenos Aires, el distrito gobernado durante ocho años por su actual candidato a presidente y también por entonces estaba debajo en las elecciones presidenciales que hasta un rato antes aseguraban ganar por mas de diez puntos, con lo cual se consagraban en esa primera vuelta.
Que no apareciera mas una sola voz políticamente oficialista para decir una sola palabra y que en el mítico Luna Park donde se había montado el escenario del festejo que nunca llegó tras paciente espera los militantes y seguidores debieran irse de a poco sin una explicación pone la cuota final de una elección que no será olvidada fácilmente por la dirigencia de un partido que está terminando doce años de gobierno en los que aseguran haber cambiado la historia del país.
Por cierto, en algunas cosas como estas, realmente pareciera que las han cambiado. De Guatemala a Guatepeor, diría una abuela refranera.
El otro aspecto tiene que ver con la voluntad popular. Muchas veces vapuleada – también por nosotros mismos -, la opinión pública pareciera tener aún en esta sociedad con mucha corrupción, con escasos ejemplos de transparencia y honestidad, falta de justicia y respeto por sus derechos básicos, un porcentaje muy importante de ciudadanos que pueden ser tildados de demasiado pacientes para tolerar abusos de todo tipo y atropellos como los que en forma creciente los ocupantes del poder llevan a cabo en la Argentina, pero que al final siempre muestran que tienen un límite.
Y que reaccionan, a veces cuando menos se lo espera y en las circunstancias mas difíciles. Porque si una elección estuvo amañada para dificultar la voluntad ciudadana fue esta del pasado domingo, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Con una papeleta interminable de larga, con secciones como la de parlamentarios al Parlasur que nadie sabía de que se trataba, con las candidaturas a gobernador en el medio de la boleta para hacer casi imposible el corte de la misma sin poner en dificultades la votación a presidente en una de las puntas o las de intendente que estaba en la otra.
Con todo ese jeroglífico armado solo para defender candidaturas que de otra forma se sabía de ante-mano que no tendrían el aval popular, de todos modos, la gente votó lo que era su deseo mayoritario. ¡ Había que tener muchas ganas de votar a favor de alguien o en contra de otros en la provincia para que se diera este resultado del domingo !
Nada de esto significa un aval en blanco para quienes han resultado electos. De eso deberán encargarse con sus gestiones en el debido momento. Solo se trata de dejar establecido en esta columna esta encendida protesta popular que generaron millones de argentinos utilizando el arma mas idónea que tienen para ello: el sufragio.
Resta solo esperar que el 25 de octubre haya sido el último episodio de un montón de cosas: de estos sistemas de votación corruptos e inadecuados; de manipulación de escrutinio que nunca sabremos que cosas llegó a imaginar en esas largas horas de silencio, espera y ocultamiento; de un pueblo que llegue a las urnas con mas razones para votar en contra de algo o de alguien mas que seducido por lo que le ofrecen los otros.
Por esto y varias cosas mas, ocurridas en el final de una década que el gobierno llama ganada, las elecciones presidenciales del domingo – mas allá de lo que arroje el balotaje – serán recordadas como una bisagra que la sociedad argentina le puso a un nefasto sistema electoral y un estilo de ejercer el poder que hace mucho que se sabía agotador y agotado.