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Editorial: Ni Pancho Sierra

Por cierto que la campaña electoral ya está en marcha – y a alta velocidad – en todo el país, con mas razón naturalmente en aquellas provincias o ciudades que tienen sus elecciones adelantadas con respecto a las presidenciales. Ya en esta columna hemos dado nuestro vaticinio en torno a lo que cabe esperar de este proceso. Con un gobierno nacional que finaliza el mandato mas largo del que se tenga memoria en la historia democrática argentina: doce años, que alguna vez deberán servir de claro ejemplo de como en la esencia se burló la constitución que establece como máximo dos períodos de cuatro años seguidos, el ardid del matrimonio ( eso es para nosotros ) que para casi todas las figuras judiciales es «una sola y misma persona», no fueron contemplados por los constituyentes que en cada oportunidad que afrontaron alguna modificación constitucional parecieron no tener ninguna objeción contra el nepotismo y a nadie se le ocurrió que en cualquier democracia de hecho, «pasar» un gobierno a la esposa, a un hijo, a un padre o al marido, no puede ser tomado de otro modo que no sea la continuidad de la misma persona. Por lo tanto, solo en el primer período de cuatro años esto podría permitirse, quedando todos los involucrados impedidos de volver a presentarse en las próximas elecciones, evitando de esta forma que se vulnere el límite de ocho años constitucionales.
Cuesta comprender que esta elemental cuestión no sea tema de agenda importante entre la dirigencia y ni siquiera en el periodismo especializado para lograr las reformas que impidan que esta farsa histórica se repita por cualquier otra fuerza política que llegue a gobernar el país.
Señalamos este aspecto de fin de un ciclo extremadamente extenso, como uno de los principales factores que le imprimen al horizonte cercano de la campaña un clima de tensión y alto voltaje que difícilmente no se desborde y aún mucho mas rápido de lo que se cree. Naturalmente que hay otros factores ( la profunda división que se ha generado en la sociedad en estos años ) que tienen – a nuestro entender – en el gobierno al mayor responsable – nosotros nos oponemos pero «en serio» a la teoría de los Dos Demonios -, pero que no abunda en inocentes en otros sectores, llámese la oposición, la prensa, la clase empresaria, la justicia, etc.etc.-
Así las cosas, a cinco meses de las elecciones PASO y a siete de las primarias, lo que se puede ver, escuchar y leer de boca en muchos casos de los principales candidatos debiera generar estupor cuando no un temor mas que justificado.-
Del gobierno, es casi diario que se alcen voces amenazantes, acusadoras, descalificadoras, desde la propia presidente en la cadena nacional, hasta sus voceros que han llegado al inaceptable trato que le ha dado hace horas nada menos que el jefe de gabinete del gobierno nacional al muerto fiscal Nisman. Las afirmaciones de Anibal Fernandez, tratando de «atorrante» y afirmando que el fiscal muerto ( o asesinado) cuatro días después de haber acusado ante el juez al propio gobierno nacional, usaba los fondos del estado para «salir con señoritas» como si eso configurara un delito, ha superado todo lo imaginable hasta para el propio funcionario en cuestión, que a lo largo de tantos años ( es funcionario público desde la época de Menem) con su lengua declarada «zona liberada» parecía que no había dejado disparate por decir. Por cierto que, desde el seno del gobierno, él si usando los medios del estado que le damos, agraviar a un muerto, no respeta siquiera los códigos viejos del barrio o del club.
Pero pocos se salvan de este clima. Escasos ejemplos muestran la madurez y la templanza que merece ser destacada de Roberto Lavagna y algunos pocos mas a la hora de hablar. Precisamente el líder del espacio que ahora comparte el ex ministro de economía, que hizo de la sonrisa, el equilibrio y los buenos modales la carta de presentación que le permitieron un triunfo en la provincia hace dos años, apenas aparecieron algunos nubarrones en su horizonte, muestra día a día un manual de «chicanas», descalificaciones al adversario y hasta cierto malestar con sus competidores que no se compadecen con el que el que «parecía» o «era» hasta hace poco.
Y como nadie se salva de esto, lo de algunos dirigentes radicales en las últimas horas es de una temeridad democrática que muestra a las claras que al centenario partido le ha quedado solo la fama de su respeto por las normas y las decisiones. Tras una Convención nacional de casi tres días, con una votación que aprobó una alianza con otras dos fuerzas, los que sostenían la postura derrotada tras decir en sus discursos que aceptarían lo que resolviera el órgano han salido a los gritos públicos a denostar a sus nuevos aliados y directamente a decir que no cumplirán lo resuelto. Cada uno hace lo que le conviene. Eso si, en nombre de la institucionalidad y todas esas cosas. Debería importar ver entre ellos al conocido Nito Artaza o al candidato a gobernador de Formosa, pero mas lástima genera ver en esa postura al ex vicepresidente Cobos.
El no tuvo Convención alguna que le aprobara integrar una fórmula con Néstor Kirchner en 2007. Ahora reniega de lo aprobado por su partido sin siquiera tener el decoro del silencio.
Naturalmente que lejos está lo narrado de abarcar todo el espectro de la dirigencia. La interna que vive el PRO en la ciudad de Buenos Aires es otra muestra de miserias, de las que no escapa el propio jefe y candidato presidencial en muchos casos.Estamos en marzo. Y a este ritmo se hará larga la espera y creciente el desatino. Decía la popular Madre María:
«Veréis, oireís y pasaréis cosas que nunca has visto, oído ni pasado». Con esta dirigencia, solo eso puede esperarse.Y a propósito de la religiosa mencionada, no es optimismo el que nos sobra: no creemos que esto lo pueda salvar ni su antecesor: Pancho Sierra.

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