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Editorial: Corta la bocha: si no nos gusta……, cambiemos.

El episodio ocurrido con un delincuente haciendo su trabajo en moto días pasados en el barrio de la Boca en perjuicio de un turista que filmó todo el hecho con una cámara que llevaba consigo ha puesto aún mas al descubierto la gravedad por la que atraviesa el sistema judicial argentino sobre todo en materia penal.
La impunidad que gozan los delincuentes ha alcanzado el peor de los niveles: el de tener garantizada la impunidad y ser de pleno conocimiento de los marginales y de quienes día a día se van sumando a esas filas, mas que tentados, convocados por «las ventajas que ofrece el sistema».
Robar y no tener sanciones, es una tentadora oferta, para una sociedad que además adolece de graves deficiencias en educación, salud, cultura y especial-mente ejemplos a seguir. El caso citado, donde un joven en moto intercepta a un turista que está paseando en bicicleta y apuntándole con un arma le exige que le entregue sus pertenencias, filmado, material que fue entregado a la policía y a los medios de difusión que lo convirtieron en la escena mas vista durante dos o tres días, resultan al fin ( sumado al fracaso del intento porque la víctima pudo escapar del ladrón ) los aportes mas contundentes de los últimos años para que el resto de la sociedad comprendamos cabalmente lo que nos está pasando.
O si lo prefiere: lo que nos están haciendo pasar en nombre del derecho y la justicia.
El ladrón rápidamente identificado, con antecedentes, fue interceptado en un posterior operativo policial portando 400 gramos de estupefacientes pero también siguió en libertad «porque no se daban las condiciones establecidas para requisarlo en la vía pública» según informó oficialmente la propia policía. Hasta el juez dijo que había sido detenido solo por «portación de rostro». Pero todo esto resulta casi lo de menor importancia, si se lo compara con todo lo que ha seguido sucediendo desde entonces: primero la pareja del delincuente invitada por programas de televisión, haciendo la pretendida defensa de su no-vio y pasando rápidamente al contraataque contra el resto del mundo, del que se consideran víctimas, incluyendo al propio turista abordado al que acusan – sin que siquiera los periodistas entrevistadores lo objeten mucho – de pretender algún «rédito» con la difusión de las imágenes.
Finalmente, pasados varios días, el sujeto en cuestión fue demorado por la policía que lo puso a disposición de la justicia. Y que pasó?
Adivinó el lector. Ya vamos aprendiendo.
De inmediato se lo liberó.
Y como la sucesión de hechos ya resultan predecibles, el que apareció en la televisión entonces fue el propio motochorro. Contratado (ese es el término ) por uno de los programas televisivos que dan la medida justa de este momento de la sociedad argentina, en un canal que también da la vara de esta impunidad, el motochorro dió clase de Código penal, explicó el encuadramiento de su accionar en «tentativa de robo» y hasta riéndose en algún momento dijo « y bueno…., eso es lo que dice la ley. Si no les gusta cámbienla».-
Y aquí casi vale ponerse a aplaudir. Hasta los chorros la tienen mas clara que nuestros gobernantes, legisladores,jueces, periodistas y sociólogos.
El ladrón no tuvo ningún empacho en afirmar que el arma que portaba estaba cargada y lista para disparar y que cuando debió alejarse la arrojó al riachuelo.
A esta altura, alguien podrá pretender rescatar aquello de « a confesión de partes, relevo de pruebas».-
No. Eso es viejo. Obsoleto. Atrasa. Y por si fuera poco, según los ilustrados que nos enseñan, «estigmatiza».-
También confirmó el joven entrevistado que « no salgo todos los días a robar. Pero era el cumpleaños de mi hija y tenía que regalarle algo y entonces …..».-
Nadie le preguntó por la moto en la que se movilizaba que según parece es de su propiedad y vale varios miles de pesos. Tampoco nadie parece dispuesto a averiguar con que salarios la compró.
La historia, agrega la explicación de la justicia al tener que informar sobre las razones por la cual esa persona sigue en libertad sin restricción alguna: « No está debidamente probado el delito aún» dijeron, pero no en el marco de un imitador y un programa cómico.-
Jueces de verdad, emitiendo información oficial.
«No está debidamente probado, lo que el propio autor explica que hizo con lujos de detalles». Y con el hecho filmado en tiempo real. Reír o llorar.
Resulta evidente, que lo único que hubiera movilizado «un poco a esta justicia» hubiera sido un final diferente del episodio: « El ladrón disparando y la víctima muerta por esos disparos» que es lo que habitualmente ocurre.
Lo que no lograban desarmar muchísimos periodistas, víctimas, algunos jueces y algún que otro gobernante, lo pudo el motochorro en un rato en la televisión.
Ahora todo está claro. Lo que se esfuerzan en encontrar los militantes del abolicionismo en la argentina, bajo excusas tales como los problemas en la niñez, la exclusión, los estigmas ( todas cuestiones que existen, pero en otras medidas y para otras discusiones ) las tiró como su arma al río el propio ladrón. « Esto así es tentativa de robo y por eso nadie va preso. Si no les gusta cambien la ley» explicó. ¿Mas claro?.
Razones de espacio limitan agregar a esta historia, declaraciones de personajes populares, como el actor Echarri que aseguró sin desparpajo que si no « hubiera sido actor, seguro no hubiera sido albañil. Sería ladrón».
Este joven hace algunos años, mantuvo a toda la sociedad en vilo por un «extraño» secuestro de su padre, al que finalmente liberaron sin que nunca se haya sabido con exactitud lo que ocurrió.
Lo único que se sabe es que los secuestradores tampoco eran albañiles, advirtiendo que está a la vista que ha pasado a ser un oficio «estigmatizado», pero como es del otro bando, en este caso no importa.
Si alguien pretende que esta columna editorial, procure un remate literario a lo brevemente descripto, o no entendió lo dicho o nos sobrevalora en nuestra simple condición de escribas.
Porque a estos efectos, solo procuramos destacar la lección que nos dio el propio motochorro en la TV. No hace falta agregarle nada. Esto es y seguirá así, agravándose cada día.
Salvo que le hagamos caso al protagonista y sigamos su consejo: « Si no les gusta, cambien».-

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