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Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: “¿QUÉ HABRÁ QUE HACER PARA QUE TE METAN PRESO?”

Es evidente que la Justicia tiene razones que el corazón y la razón no comprenden.
Esta es la sensación recogida en la sala del Tribunal de la ciudad de Dolores donde se llevó a cabo el juicio del caso Emilio Blanco.
El cuerpo del entonces adolescente fue encontrado el 28 de setiembre de 1997 junto a las vías del tren a metros de la barrera de la Avda. Irigoyen.
La morosidad de la Justicia ayudada por claras maniobras dilatorias con olor a gorra y uniforme demoró 17 años en llegar a la instancia del juicio oral.
La admirable tenacidad de sus padres, Mónica y Elías, la rigurosidad de los Fiscales, Dres. Skoda y Bensi, la calidad profesional y el compromiso moral del abogado Dr. Gustavo López y el acompañamiento solidario de la comunidad hicieron posible el juzgamiento del único imputado.
El entonces jefe de calle de la Comisaría de Chascomús, Fermín Eleodoro Basualdo fue finalmente declarado por la unanimidad del Tribunal coautor penalmente responsable del crimen de Emilio Blanco por torturas y agravamiento por alevosía.
Para su veredicto el Tribunal desestimó el intento infantil de suponer un accidente por embestimiento del tren a que apeló la defensa y el imputado.
Los testimonios de los más de 200 testigos fueron inapelables.
Estremecedores detalles de médicos y peritos forenses, datos de vecinos y amigos de la víctima, informes de funcionarios de la misma policía otorgaron a los tres Jueces elementos contundentes que fundamentaron la sentencia de culpabilidad.
Quien esto escribe jamás había vivido una experiencia como las de varias jornadas escuchando testimonios y relato de procedimientos, analizando la actuación de los dos Fiscales y los letrados.
No es fácil abstenerse de la sensación que mezcla estremecimiento por datos macabros, admiración por la serenidad y firmeza de los padres y hermanos de la víctima y capacidad profesional y astucia de Fiscales y abogado querellante.
La condición de lego en materia de Derecho impide comprender los vericuetos legales propios de la ciencia Jurídica.
Sólo se puede comprender lo que dicta la sentencia.
Son los Jueces los que decidieron que Basualdo es el autor del asesinato del joven Emilio Blanco junto a otras personas no individualizadas, hecho ocurrido 17 años atrás en la Comisaría 1ra. De Chascomús.
Lo que cuesta entender es que pese a la gravedad del delito el autor quede cumpliendo prisión domiciliaria, esa que se controla con una pulsera electrónica.
En esa condición estaba hasta ahora, en calidad de imputado del crimen.
Seguramente no han faltado a la Ley los Jueces, pero para quienes nada sabemos de cuestiones jurídicas nos suena difícil de entender que cambiada la condición de imputado a sentenciado la pena pueda seguir siendo la misma.
Puede ser cierto que ante este tipo de acontecimientos los habitantes de a pie tendamos a la simplificación que dice que quien ha matado a otro debe estar del lado de adentro de las rejas.
¿Qué hay que hacer, entonces, para ir preso?
El Presidente del Tribunal también lo debe saber, razón por la cual desalojó la sala cuando estalló el aplauso en el momento de la lectura de la parte de la sentencia que fijó la cadena perpetua.
Con una experimentada habilidad la lectura de la modalidad del cumplimiento de la pena se leyó solo ante familiares y periodistas.
De todas formas, los pasos dados significan un avance inobjetable.
Cuando la sentencia quede firme el sentenciado deberá ir a la cárcel.
Hasta ahora y luego de 17 años de sufrimiento y tenacidad, la familia de Emilio ha llegado a la Verdad.
Sólo falta completar el requisito de que también llegue la Justicia.
No volverá su hijo Emilio, pero quedará para ellos la tranquilidad de conciencia de haber ejercido a pleno su condición de padres y ciudadanos.
En ese momento, será Justicia, como dicen los abogados.
¿Será?

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