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Editorial: Los actos que debió presidir Mascherano

El 9 de julio en la Argentina es una fecha que no necesita aditamentos para erigirse en un mojón del calendario, cuya significación da lugar a múltiples consideraciones de alto valor histórico y con suficiente luz para alumbrar caminos futuros, que siguen durmiendo el sueño eterno desde Laprida hasta aquí.
Sin embargo, este Día de la Independencia que acabamos de vivir, lejos ha estado de ser uno mas en los 198 transcurridos desde la Declaración de Tucumán que estableció la ruptura formal de toda dependencia extranjera y nos proyectó como nueva nación.
Para ello, fue necesario que se mezclara el máximo generador de pasiones criollas que es el fútbol, con la selección nacional disputando nada menos que la semifinal del campeonato mundial, y por otro lado, la máxima expresión de la política, mostrando su peor rostro y su absoluta falta de decoro, al decidir que su figura mas cuestionada (en la opinión pública y en la justicia) presidiera los actos oficiales, justamente en la histórica casa tucumana.
Y es que haber decidido que el vicepresidente Amado Boudou, procesado en la justicia, en primera instancia cierto es, pero en vías de recibir nuevos procesamientos por estar involucrado en no menos de seis causas que se tramitan en los estrados, representara al estado nacional y ejerciera como apoderado del pueblo argentino en los actos que rinden tributo a notables figuras del amanecer nacional, puede ser sostenido como un acto legal y pertinente, pero en la práctica, resultó mucho mas parecido a un desafío soberbio, caprichoso, inadecuado y hasta provocador que a una decisión ajustada al protocolo y líneas sucesorias del poder, ante la imposibilidad de la presidenta de estar presente por motivos de salud.
No se trata por cierto, de recurrir al simplismo de citar al referido por el cargo que ocupa, al cual le es-tán sobrando los pedidos de licencia, cuando no de renuncia por parte de toda la oposición política, la que si de representación proporcional se trata, puede endilgarse algo así como dos terceras partes de la población sufragante en el país. Se trata, contraria-mente, de apelaciones mucho mas simples, de hombre de a pie, de sentido común y hasta de cortesía entre los integrantes de una comunidad, precisamente para que la población sea eso, comunidad, y no un mero conglomerado de millones de personas desparrama-das mas o menos por el mismo lugar del globo.
A esas cuestiones se refería Hernandez en su obra mayor cuando se atajaba: « No es para mal de ninguno, sino para el bien de todos». Y esa frase nos repiqueteó e hizo cosquillas, cuando vimos la presencia de Boudou en los actos oficiales. Era exactamente lo contrario.
Pero mas se acentuó la sensación cuando las cámaras mostraban los rostros del gabinete nacional, la mayoría de los cuales, sin aptitud actoral, no lograban disimular – algunos parecieron no intentarlo siquiera – su molestia y fastidio por tal circunstancia. El resto, por si hacía falta, lo puso el propio protagonista: « Los enemigos de adentro y de afuera…..» dijo en un pasaje de una improvisada oratoria, que de cabo a rabo estuvo mas apuntada a pintar su complicada situación personal que a rendir homenaje a Santa María de Oro, Darragueira, Thames y los demás-
Los argentinos enemigos, ¿ Puede ser la frase que ponga en su boca quien preside el programa de actos de la fecha que mas nos identifica a todos sin excepción, por el mero hecho de ser argentinos ?. ¿Qué acto imaginó que estaba presidiendo el gobernante? ¿ Qué cosa significa para él la Independencia de una nación ? ¿ Y qué son, en ese caso, quienes habitan y conforman esa República?.
Haber pretendido desde el gobierno nacional, mandar mensajes absolutamnente innecesarios y pequeños, como son los de la «solidaridad» con su par en desgracia, no puede alcanzar la audaz dimensión de usar la mayor fecha patria y la memoria de nuestros próceres. Tal actitud resulta casi una bofetada a nuestra historia.
Hubiera bastado con aplicar el consejo de Fierro: evitar la presencia del actual vicepresidente en esa fecha, hubiera sido un gesto por el bien de todos y para el mal de ninguno.
Quizo el destino que horas mas tarde, la selección de fútbol argentina, consiguiera un triunfo trascendente que la puso en la instancia final del campeonato del mundo. Vale aclarar por si hiciera falta, que ha sido el fútbol, sus pasiones y sus oscuros intereses, el peor ejemplo de convivencia que podemos encontrar a mano. A tal punto llega esta desgraciada realidad, que hace ya largo tiempo que en las canchas argentinas no pueden coincidir los simpatizantes de los dos clubes que compiten en cada partido. Ni con los costosísimos operativos de seguridad que se montan, ni con los complejos sistemas de cámaras de seguridad, listas de inadmisibles, tarjetas personalizadas y la mar en coche.Dos argentinos hinchas de diferentes clubes de fútbol no pueden compartir un estadio. Si va uno, no va el otro y así se hace desde hace ya mucho tiempo.
¿ Cómo imaginar entonces, que si un acto oficial en la fecha mas significativa del argentinismo, organizada por los mas capaces e inteligentes del país, como que lo conducen y lo representan, no puede cuidar las formas mas elementales para evitar las rispideces y algo mas que generó la presencia marcada, esperar de las masas enfervorizadas lanzadas a las calles convo-cadas por un resultado de fútbol no se convirtiera a poco andar en una catástrofe nacional ?.- Hinchas de River, Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo o Velez; Estudiantes o Gimnasia; Rosario o Ñuls; Talleres o Instituto anduvieran a los abrazos, bocinazos y cánticos sin nadie que pudiera ponerles marco alguno a sus conductas.
Y este 9 de julio, esos millones de argentinos, distribuidos desde Orán a Usuhaia; desde Mar del Plata a las altas montañas cordilleranas, llenaron las calles de cada pueblo, sus plazas, sus paseos hasta agotarse y dejar sin sonido sus gargantas.
Y nadie generó fastidio. Ni debió recurrir a simulaciones para lograr que algún compañero no le cortara el rostro. Solo hubo abrazos, cantos corales desafi-nados pero llenos de sentimiento, ayuda mutua y la promesa de volver el domingo si «los muchachos lo consiguen».
Es que millones de mujeres, hombres, niños, jóvenes y adultos, de las mas direrentes clases sociales, entendieron que estaban en el lugar que estaban, no para debatir sus diferencias, sino para rendirles un merecido agradecimiento a 23 jugadores y un cuerpo técnico que les está regalando un poco de alegría.Se trataba de eso: una demostración y un aliento para Sabella y sus muchachos. No había otra cosa que poner sobre la mesa.
Y fue una fiesta de punta a punta del país con un ejemplo desacostumbrado de convivencia.
Que este 9 de julio nos regaló y le regaló a los constituyentes de 1816 el pueblo en las calles convo-cados por el fútbol.
El homenaje a aquellos hombres se los hizo el pueblo argentino volcado a las calles en el atardecer de la jornada.
Lo de la mañana fue un bochorno carente de mínima ética. Lástima el lugar. La «casita» de Francisca Bazan de Laguna no merecía tamaña afrenta. Nuestra historia tampoco.
Bien cabe analizar si en la próxima, los actos no debería presidirlos Mascherano.-

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