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Editorial: Viva la pepa

En tiempos en los que se miden cual balance de una tienda, los resultados de las gestiones de gobierno, calificándolas como ganadas o perdidas
( por caso la última década), haciendo lecturas tan parcializadas de la realidad, desde quienes la consideran poco menos que lo mas trascendente de nuestra historia, hasta los que desde la vereda de enfrente no hallan nada merecedor de ser rescatado, a poco de echar vistazos con un poco de ganas de ver la realidad sin tanto filtros deformadores aparecen trazos de esta eta-pa de la vida nacional que responden a transformaciones de estos tiempos.
Las hay de carácter positivo (ciertamente nuestra subjetividad las considera bastante menos que las otras) con sobrados fundamentos para ser sostenidas por los gobiernos que vengan a suceder al actual. Y están las otras que gritan por ser cambiadas, anuladas o compensadas. Pero en todos los casos, están los efectos que estas medidas han generado en la sociedad y que ya no se invalidan de un plumazo cambiando una ley, dictando otra o disponiendo algún programa oficial.
Los hábitos no hacen al monje, pero le generan costumbres mas propias del cielo o del infierno según el caso.
Y en otros, mas que costumbres, esta gestión de gobierno ha provocado embarazos imposibles de frenar. Mas allá del desacuerdo que cualquier gobierno futuro tenga con ellos, deberá prepararse para hacerse cargo de la criatura y a lo sumo comprometerse a criarlo de la mejor forma.
¿ O acaso por no estar de acuerdo con las políticas tarifarias de servicios de esta década, podrá el gobierno que llegue, anular todos los subsidios de la noche a la mañana y blanquear la cuestión simplemente actualizando costos y tarifándolos a los usuarios a fin de mes? ¿O meter mano para desandar el camino que ha puesto en lugares claves de la justicia a quienes ganaron los concursos por «lealtad» en lugar de aptitud e idoneidad, será una tarea de algunas semanas ?.
Habrá muchos embarazos de este tipo. Y habrá que atender los partos y los nacidos.
Y de igual modo, habrá que posarse en el estudio de la conciencia que ha ganado a los argentinos en múltiples aspectos. Uno de ellos, al que procuramos referirnos, es el notable desapego a la ley que se ha instaurado en la sociedad. Como ha quedado evidenciado que son muchas las autoridades «sin autoridad» que ocupan poder, los de abajo hace mucho que consideraron que están exentos de obedecer esos poderes.
Como desde las mas empinadas funciones, no se respeta nada y se cumple menos, sean cuestiones de protocolo, de diplomacia o directamente de la propia justicia, ¿ Cómo procurar que siga siendo un esclavo de esas normas la mujer y hombres comunes ?.
Conductas que son palpables permanentes en la argentina actual. Lo que hace algunas décadas era el respeto al policía de la esquina, ahora no se observa con un juez y un ejército atrás.
Se nos ocurre recordar alguna escena de las playas argentinas, los chicos menores, los cuatriciclos y los padres. « ¿ Qué ley ? Con mi hijo hago lo que yo quiero y soy yo el que lo autorizo a andar en cuatri» respondían padres con pinta de ilustrados, aún después que alguno de esos chicos muriera por andar en esos bólidos por los médanos.
Esta es la argentina donde cada uno hace lo que quiere y cuando se encuentran dos que quieren cosas diferentes en el mismo espacio, entonces se matan y el que sobrevive se da el gusto.
Al otro lo entierran y los familiares y vecinos organizan una marcha. Claro que si el resultado del duelo hubiera sido al revés, cambiaba el muerto y la familia que hacía la marcha.
Nada mas.
En Ranchos, hace ya largo tiempo que funcionan semáforos en el ejido urbano. Y hace mucho mas que la mayoría de sus calles tiene sentido de tránsito. Es decir: manos y contramanos.
Sin embargo resulta sorprendentemente alarmante observar como se comportan los vecinos. Casi sin excepción, los ciclistas consideran que los semáforos no los incluyen y como si nada fuera – sean hombres, mujeres, solos o con criaturas – cruzan la esquina con luz roja, como si estuvieran en el living de sus casas.
Es tan común a todos; tan normal la forma de hacerlo que cuesta imaginar como erradicar estos hábitos un tanto suicidas. Y lo mismo ocurre con circular de contramano.
Hace muchos años la televisión local, hizo una campaña encendiendo una cámara en alguna esquina «solo un ratito» por día, para mostrar la cantidad de ciclistas viajando de contramano. Solo logró imaginables saludos de los infractores para la madre y toda la familia del camarógrafo, personal y dirección del medio.
Hoy la conducta es la misma, claro que con muchos mas infractores cada día.
Pero no es lo único que vale señalar: en los últimos tiempos se repite una situación también alarmante: han ocurrido muchos accidentes automovilísticos – algunos muy graves – en los que los conductores no tenían registro vigente. Algunos casos con conductores de cotidiano andar en vehículos con el carnet vencido « hace años».
¿ Cómo explicar estas conductas ?. ¿ Cómo procurar entonces que todos comprendamos el valor de circular a toda hora y en todo lugar con las luces del auto encendidas ? U otras normas que parecen menores.
Todo esto resulta casi una utopía en una sociedad a la que no le importa el semáforo en rojo, la calle de contramano, tener la licencia para conducir, ni el seguro ni un pito a la vela ?.
Y vale apuntar, que cuando la cuestión es tan generalizada, ya no estamos haciendo una crítica que apunta a fulano o mengano. Es fácil imaginar que los que viajan de contramano o sin licencia y tienen un accidente, afirman que tuvieron mala suerte. Y ha de ser así:
¿ Cuántos serán que están en las mismas condiciones y no les pasa nada y nadie se entera ?.
Esta sociedad, desapegada a las mas elementales normas que debe exigir la vida en comunidad, es también una herencia asegurada para los tiempos futuros. En donde los gobiernos últimos no han de ser los culpables absolutos.
Pero mucho menos inocentes totales.
Y esta también es una situación que no se modifica con nuevas leyes, ni programas de los candidatos ni discursos bien ensamblados.
La argentina está reclamando un cambio de timonel y se discute si el mejor es el candidato A, el B o el C.- Y lo que parece que ninguno vemos – o no queremos ver – es que el cambio mas importante es el que debemos hacer la sociedad toda.
Porque esperar un nuevo gobierno, para empezar a circular en bicicleta en el sentido de cada calle, o no cruzar el semáforo en rojo, o tener la licencia de conducir actualizada no depende de un gobierno de izquierda, de centro o de derecha. Y si lo que esperamos es que lleguen los Scioli, Massa, Macri, Cobos o el que sea, para que nos haga cumplir con estas cosas le estamos errando tan feo el biscachazo, que puede darse por seguro que gane quien gane, sea quien sea el futuro y el otro futuro y el otro futuro gobierno lo que nos seguirá pasando todos los días «seigual» como decía el gran minguito.-

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