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Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: “NO HAY DURO QUE NO SE ABLANDE NI TIENTO QUE NO SE CORTE”

Atención todos y todas, la revolución ha terminado.
En verdad es apenas la última línea del relato, porque nunca comenzó.
Estamos viviendo el final de una etapa histórica signada por un estilo populista autoritario que montó una ficción de efímero brillo que por su propia ontología ha llegado a su final inexorable.
Esos arrebatos adolescentes que identifican nuestra identidad social le dieron sustento popular a un invento que superó la imaginación de su mentor, Eduardo Duhalde, y se lanzó a construir un castillo ideológico endeble en sus fundamentos e inescrupuloso en sus métodos.
Aunque carece de sentido agotar el esfuerzo en recordar incoherencias y bravuconadas, es imposible dejar que todo pase como si nada hubiera ocurrido.
No hay ánimo de venganza, pero sí de Justicia y reparación porque la continuidad jurídica de la Nación cargará sobre los hombros de quien venga y de todos nosotros la tarea de reconstruir sobre las ruinas.
Una revisión ligera de lo actuado basta y sobra para descubrir el velo con el grafiti revolucionario y advertir que nada de lo dicho coincide con lo hecho y nada de lo hecho coincide con lo dicho.
Las diatribas furibundas del ex Presidente contra el Fondo Monetario Internacional, (FMI) terminaron con el pago anticipado y en efectivo de 15.000 millones de dólares salidos de nuestras reservas para tomar luego crédito usurario del compañero Chávez.
La deuda con el Fondo facturaba el 4 % anual y el bolivariano nos aplicó el 15 %.
Los cuatro pilares básicos de la primer época kirchnerista, baja inflación, superávit fiscal, superávit comercial y dólar competitivo, volaron por los aires en el reparto a los amigos y algunas migajas a sectores necesitados a cambio de la sumisión absoluta.
El Gobierno siempre mantuvo una especial capacidad de montaje escénico que vistió de gesta patriótica hasta las más grandes humillaciones
La Fragata Libertad, capturada por acreedores en un puerto africano fue recibida como si viniera de derrotar a la flota enemiga en la batalla de Trafalgar.
La Presidenta alzó su dedo acusador para decir con tono arrogante que los que querían una devaluación “tenían que esperar otro gobierno”.
El neo marxista Kicillof pagó mansamente9.700 millones de dólares para saldar la deuda con el Club de París que hasta diciembre del año pasado era de 6.084 millones sin explicación alguna.
La española Repsol, esa que según los dichos del Ministro tendría que pagarnos, terminó cobrando 5.000 millones de dólares para lo que el País debió emitir bonos por 6.500 millones de la misma moneda.
A modo de final del drama, los “buitres”, denunciados por apátridas y sacrílegos, dejaron de serlo.
Se han transformado en canarios flauta.
Impulsado seguramente por los desplantes y la soberbia oficial, un Juez de New York y dos instancias superiores dijeron basta y hay que ponerse.
Hace una semana la Presidenta habló de extorsión y el Ministro dijo “no pasarán”.
Los “pibes para la liberación” levantaron la consigna ”Patria sí, buitres no”.
Son ahora los “pibes para la claudicación”.
No han de aprenderlo ellos pero debemos aprenderlo nosotros para evitar más desgarramientos.
La revolución tiene que ser posible.
Si no, es un sueño que conduce a la fantasía y, en el mejor de los casos, a la nada.
No hay que renunciar al cambio.
Hay que impulsarlo con el poder de la inteligencia, la honestidad y la participación de todos los sectores de la Democracia.
La máxima expresión de la desorientación fue el final de la fiesta en el Monumento a la Bandera.
Al principio no les hubiera ocurrido.
Como una burla del destino, la flamante Ministra de Cultura dispuso la actuación de” los auténticos decadentes” que sonó como autorreferencial.

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