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Editorial – ¿Ser segundo es muy poco o al primero se lo cree único?

Sobre todo en el ámbito deportivo suele decir-se en la Argentina que ser segundo es algo así como una ofensa. Un desprestigio. Una vergüenza de la que en algunos casos resulta imposible desprenderse. Carlos Reuteman fue vergonzozamente sub-campeón mundial de la máxima fórmula; en el mayor nivel del tenis mundial Sabattini no pudo ser número uno y Vilas casi no lo fue tampoco y hasta la selección mundial de fútbol parece ser menos castigada en los últimos 20 años donde no arrima el bochín que en aquél mundial de Italia ´90 cuando también debió soportar la vergüenza de ser segunda.
Y el Boca que perdió la final de América hace un año fue el mas rechazado por sus propios hinchas por esa mancha de ser segundo. Muchos, entre ellos ese mismo equipo, se quitó las medallas que lo consa-graban sub en la propia ceremonia donde las recibieron.
Y así podríamos seguir enumerando ejemplos que los hay por doquier en el deporte argentino en todas sus disciplinas.
Sin embargo, esta concepción no es exclusividad del mundo deportivo. Es la sociedad argentina la que tiene incorporada la concepción del puesto de la vergüenza. Y lo lleva al extremo de ponerlo en evidencia en la que debiera ser la mas jerarquizada responsabilidad de toda sociedad que es la de gobernarla.
Aún peor que en el deporte, es ser el segundo en la escala de Poder en los gobiernos argentinos. La historia de los vicegobernadores sobre todo en la provincia de Buenos Aires es para escribir varios libros. Para los contemporáneos entrados en años, Calabró vice de Bidegain (por poco tiempo hasta que lo desplazó y reemplazó ), Solá con Ruckauf y para no buscar mas, Mariotto de Scioli. Pero si en Buenos Aires, el segundo de las fórmulas ha resultado protagonista de historias que van de lo desopilante a lo destituyente, en otras provincias, la historia registra casos de golpes institucionales directos y hasta de «sospechados accidentes y delitos» que ponen muy en la mira al tandem 1 -2 de los gobiernos.
Esta cuestión por cierto estaba en la agenda de estas columnas editoriales, que tras desarrollar esta intro-ducción, encuentra terreno fértil para llegar a un final sustancioso del artículo en los ejemplos de los vicepre-sidentes. Así, aparecen en la memoria «el» Guido de Frondizi. que se quedó cómodamente en la presidencia tras ser destituido «su» presidente. El muy particular caso de María Estela Martinez de Perón, elegida por su esposo tras la negativa «armada» a la idea «del general» de llevar en la fórmula a su histórico anta-gonista radical Ricardo Balbín y mas acá, el final de la relación entre Menem y su vice Duhalde.- ¿ Hace falta recordar «Chacho» Alvarez y De la Rúa ?. Alcan-za, pero claro que no es todo.
El actual ciclo presidencial inaugurado en 2003 nada hizo por quitar el karma del segundo. Cosa que en realidad creemos que pasa por otro lado como diremos en el final. No pasó ni un mes del gobierno electo en 2003 para que el vicepresidente Daniel Scioli sintiera lo que pensaban de la figura del vicepresidente su compañero de fórmula Néstor Kirchner y su mesa chica. A la primera declaración del hoy gobernador lo defenestraron, lo conminaron al silencio eterno y le echaron de sus cargos a cuanto funcionario tuviera relación con el ex motonauta. Y punto final al vicepresidente que pasó directamente al ostracismo hasta que lo revivieron para hacer competitiva la elección en la provincia.
Y entonces, en el segundo período llegó el «¡que vicepresidente me pusiste Néstor!», como expresara públicamente la actual jefa de estado sobre su com-pañero de fórmula, el Ing. « voto no positivo» Cobos.- Está muy cerca lo vivido en los cuatro años de esa gestión.
Pero finalmente terminó ese mandato y ya sin nadie que «le impusiera» compañero de fórmula, la actual presidenta, según sus allegados casi en soledad y por su propio imperio eligió su compañero de fórmula, en lo que se supone fue una muy pensada decisión tras las erráticas experiencias vividas en la materia por ella misma y su ya fallecido esposo.
A menos de la mitad de su mandato, la jefa de estado ha sufrido un inconveniente de salud del que se repone satisfactoriamente por suerte, pero que obligó a una internación con operación quirúrgica incluída y un postoperatorio que llevará algunas semanas.
Y OTRA VEZ LA VIEJA HISTORIA DE LA INEXISTENTE FIGURA DEL VICEPRESIDEN-TE.- Durante largas horas, el país no tuvo autoridad, toda vez que la presidente permaneció casi una jor-nada entera haciéndose estudios, mientras su natural reemplazante daba vueltas en moto, paseando por una ciudad de Brasil. Y llegado el momento de la cirugía y la obligada licencia, aún nadie vió la ceremonia de asunción del vicepresidente, ni se han publicado las actas pertinentes y lo que es aún mas grave: El natural despacho que en la Casa de Gobierno tiene asignado el vice, hace años que está inhabilitado fuera de servicio, por lo tanto ni siquiera se sabe bien donde tiene su asiento el «presidente de la nación» por estos días.
El propio Amado Boudou ( que nunca debió ser elegido para ese cargo, pero esa es otra cuestión ) es el prime-ro en saber lo que pasa con su cargo. En una semana, el gabinete en pleno le ha quitado poder y represen-tatividad. Lo ha ninguneado peor que al propio Cobos. Le han quitado el audio a algunos actos y le han puesto a la Secretaría de Inteligencia del estado (SIDE) a terminar con los restos de imagen que le quedaba.
¿ Piense cualquier argentino, pero sobre todo los mas afines al gobierno nacional, qué cabe esperar de esta argentina, si por cualquier razón de fuerza mayor, Boudou debiera asumir el cargo de presidente por al-gún período mas o menos prolongado ? ¿Quiénes han sido los responsables, primero de consagrarlo vice-presidente y luego de volverlo inepto para ocupar el cargo? ¿La oposición?; ¿Los medios de prensa adver-sos al gobierno ?; ¿Los periodistas de las corpo?; ¿ El imperialismo internacional ?.-
Sin duda es claro que primero en la designación ex-clusiva de la presidenta y ahora en personajes como el jefe de gabinete o el propio vicegobernador, está la absoluta responsabilidad de esta « enfermedad» institucional terminal.-
Todos los humanos sanos no desean otra cosa que la pronta recuperación de la salud de la señora presi-denta. Que nadie lo dude. Pero al margen del senti-miento natural que impulsa ese deseo, no debiera influír el dato imperioso de su imprescindible regreso al cargo por riesgo inminente de caer al precipicio.
Son demasiados años de una misma historia como para que nadie haga lo mínimo para corregirlo, menos para superarlo y todo para acentuarlo.
Una vergüenza de calibre incomparable. Y ahora el concepto final: al menos en polìtica no resulta tan válido el desprestigio del segundo o el karma del cargo. Es que la dirigencia argentina, cuando alcanza el PRIMER lugar siente que se ha sentado en el Olimpo. Que el cielo es su despacho. Que solamente dioses pueden conformar su gabinete.
Y por ello, entienden que su SEGUNDO se ubica a años luz de sus habitat. Así lo sienten. Así lo demues-tran. Así funcionan.
Una pregunta final: Si quienes los acompañan en la fórmula y hasta reciben los mismos votos y son sus reemplazantes naturales en el máximo cargo de la nación quedan a semejante distancia de ellos, ¿ Adónde quedamos en la consideración de esos mismos man-datarios, el resto de las mujeres y hombres que solo – y nada mas que eso – somos ciudadanos de a pie ?

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