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Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: PRIMERA JUNTA

El Ministro de Educación de la Nación se llama Alberto Sileoni.
Antes de ser designado para este cargo por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner ocupó distintos escritorios en el área educacional de la Provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, (CABA).
A la luz de sus recientes declaraciones, queda claro que la permanencia en la estructura burocrática de un gobierno no garantiza nivel ni sentido común.
El Ministro declaró que “la crisis del sistema educativo es culpa de la Primera Junta de Gobierno de 1810”.
En verdad hay que hacer un doble esfuerzo para no reírse y para no dejar salir los peores instintos.
En todo caso, en esta modalidad de buscar culpables en vez de imaginar soluciones, el Ministro ha tenido la originalidad de cargar sus reproches sobre quienes no pueden responder.
Haciendo una proyección de los devaneos pseudo progresistas de estos revolucionarios de escritorio, seguramente el blanco mayor de la definición del funcionario será Cornelio Saavedra, un representante de la “derecha colonial”.
Cada día queda más lejos la idea de que este País será lo que deseamos cuando el Ministro más conocido por su prestigio y capacidad sea el de Educación.
Si el responsable de la conducción de la política educativa de la Nación es capaz de semejante torpeza, estamos verdaderamente fritos.
Posiblemente no sepa que en las pruebas PISA que miden la calidad de la prestación en 65 países del mundo estamos en el puesto 58, debajo de nuestros vecinos.
Que la mitad de los alumnos no completan su ciclo secundario y que el mismo porcentaje, a los 15 años de edad, no comprenden lo que leen.
Las huelgas docentes, hoy adormecidas porque Baradell se tomó un recreo hasta marzo del año que viene, los paros no computados del personal AUXILIAR QUE IMPIDE EL DICTADO NORMAL DE CLASES O LAS TOMAS DE ESCUELAS ACTUALES EN LA Capital son parte de un mosaico de la crisis que según el Ministro es culpa de la lluvia del 25 de mayo de 1810.
No hay dudas que la más grande pila de escombros que ha de quedar luego de este turno de gobierno será la crisis educativa.
No es sólo una cuestión estadística que verifica número de repitencias, deserciones y horas perdidas.
Peor aún es la ausencia de calidad, la volatilidad de contenidos y el descontrol generalizado que ha hecho desaparecer el sentido de la responsabilidad y el respeto a la autoridad por parte de docentes y alumnos.
Cuando se anunció con bombos y platillos el aumento de los recursos destinados a la Educación se creyó que era suficiente.
En manos de Ministros como este no importa cuánto hay porque a la hora de contar formación e inculcación de valores estamos en cero.
Hay que decir que en períodos electorales la Educación no paga.
Pero hay que agregar que la cuenta es muy mezquina y la dirigencia, (toda ella), debe comprender que sin maestros que enseñen ni alumnos que aprendan no hay futuro.
Dos países latinoamericanos, Colombia y México, lo han entendido y han puesto en marcha planes de control de calidad y exigencias laborales que podrían ser espejos donde comenzar a mirarnos.

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