Editorial: Sarasa, sarasa

Editorial: Sarasa, sarasa

9 septiembre, 2019 0 Por Grupo Tiempo

Que las reelecciones en los cargos públicos son un verdadero dislate que genera múltiples perjuicios a los sistemas de gobierno de las sociedades que los aplican es una ver-dad tan inapelable que basta con escuchar las argumentaciones de aquellos que han pretendido justificarlas en cada momento de imponerlas o modificarlas para constatar que directamente carecen de argumentaciones.
Pero la tentación de mantenerse en lugares de determinados privilegios es tan grande que -como lo escribiéramos en diversas oportunidades – ya Urquiza, primer presidente constitucional argentino sintió «la necesidad» de servir a la Patria procurando la reelección a su primer mandato (1853-1859) y por ese tema recurrió en consulta a su embajador itinerante (algo así como un canciller sin cartera) que era Juan Bautista Alberdi, a quien designó sin conocerlo personalmente y lo envió a Europa a defender y difundir ese primer gobierno argentino. La respuesta del no-table estadista no pudo ser menos contundente: «No hay razón alguna para que un presidente tenga permitida su reelección mas allá del mandato que concede la constitución. Pero no solo el presidente debe tener vedada esta posibilidad, sino todos aquellos funcionarios que formen parte de su gabinete durante o en parte de ese período, sean ministros, secretarios o cualquiera con poderes de decisión. Tampoco debieran ser candidatos a suceder al presidente ningún familiar suyo por lo menos hasta el tercer grado de cosanguinidad» fue la tajante respuesta Alberdiana que naturalmente abundó en razones para justificar su postura. El concepto general era el siguiente: « El presidente y quienes conforman el gobierno deben trabajar solo pensando en el bienestar general sin la tremenda interferencia que significaría tener que pensar en aquello que perjudique o convenga a una posible reelección, suya o de un familiar cercano. Un mandato debe ser suficiente para que le aporte a la nación toda su capacidad y esfuerzo».
Fue aquella contundente opinión la que llevó al general entrerriano a desistir de su intentona. Objetivo que naturalmente décadas mas tarde, otros lograrían imponer para mal de todos y el bien de ninguno, salvo el personal de los que han usufructuado de esas reelecciones.
¿Sólo a modo de agregado nos preguntamos que hubiera pensado Alberdi de las fórmulas presidenciales matrimoniales o la sucesión en el cargo entre esposos como ocurre en estos tiempos modernos?
Y la cuestión se nos antoja pertinente ante la situación que se plantea en estos momentos en la Argentina en las que el presidente de la nación, no solo debe atender las complicadísimas circunstancias por las que atraviesa su gobierno sino que debe encabezar la campaña política que lo tiene como candidato a presidente por un nuevo período. Tras haber obtenido un resultado negativo en las primarias, por ser el presidente el candidato derrotado, la debilitada situación económica se derrumbó totalmente alcanzando una crisis que aún no sabemos que costos tendrá para la ciudadanía. Mil cosas se han escuchado desde el momento mismo del conteo de los votos. Hasta que la culpable es la gente por haber votado mal. Que la culpa es del gobierno. Que la oposición es también corresponsable. Lo que nadie dice, pese a ser harto evidente, es que la enorme responsabilidad está en el sistema. Que el presidente sea a la vez candidato y en este caso derrotado es la verdadera razón que lleva a este callejón sin salida. Pero claro, como en eso son todos socios (de poder ser reelectos) nadie siquiera « lo piensa» (aunque lo saben claramente).
Y la cuestión prosigue: en la campaña que se reinicia para llevar a los comicios generales. El candidato Macri se encuentra en clara desventaja: cada cosa que dice como candidato se la toma como expresión del presidente y cada cosa que hace o dice como presidente lo afecta como candidato. Un verdadero jeroglífico. Hasta no faltan aquellos que consideran que ante la rotunda derrota en la primera instancia debería declinar su candidatura en « beneficio de la nación» como si toda la lista de diputados y senadores que lo acompañan no debieran participar y conformar las mayorías y minorías parlamentarias que son la esencia misma de la democracia. ¿ Qué proponen los que dicen esto? Que se elijan solo legisladores de un solo partido?.
Pero de todos modos, Macri candidato y Macri presidente no tienen posibilidad alguna de evitar el daño que se hacen uno al otro. Cada día de aquí a la finalización del proceso electoral, el candidato Macri sigue dañando la figura presidencial y por lo tanto haciendo mas complicada la situación de todos los argentinos. Y de la misma forma, el presidente en esa situación cada día le resta posibilidades no solo a su propia candidatura, sino a todos los que comparten esa boleta electoral (si lo sabrá el jefe porteño Rodríguez Larreta).
Claro que si este fuera un problema que nace y termina con la persona de Mauricio Macri, no estaríamos tan preocupados por todos los argentinos. Seguramente, Alberdi en 1858 no podía vislumbrar que un siglo y medio mas tarde habría un presidente llamado Mauricio Macri y que perdería las PASO y debería enfrentar esta complejidad. Sin embargo, no tenía ninguna duda de los gravísimos daños institucionales que toda reelección acarrea.
Que hoy tiene en el actual presidente un nombre propio. Que mañana puede llamarse Fernández, Pérez o Urquiza.
Retornar al espíritu de la Constitución nacional. Imponer los seis años de mandato único del presidente, los gobernadores y hasta los intendentes, y hacer valer aquello de nada de familiares en la sucesión, sería comenzar a poner un poco de sensatez en la ya tan vapuleada política argentina. Sin atender estas cuestiones básicas, elementales de mero sentido común, es discutir sobre cosas vagas y sin sustento.
Hace ciento sesenta años, Juan Bautista Alberdi nos marcó claramente la raíz de muchos de los graves problemas que hoy padecemos. No hace falta descubrir ni inventar nada. Seguir discutiendo en tono solemne o con discursos muy coucheados, no llevará ni por asomo a solución alguna. Como dicen los jóvenes, seguirá siendo pura sarasa sarasa.

 

(Editorial publicada en el Semanario TIEMPO de Ranchos del sábado 07 de Septiembre de 2019)