Editorial: Al final…. ¿Qué policía queremos?

Editorial: Al final…. ¿Qué policía queremos?

11 junio, 2019 0 Por Grupo Tiempo

Por mas que la cuestión lleva muchas décadas sin resolverse y sin siquiera observar atisbos de mejoras, la sociedad argentina continúa envuelta en estériles discusiones y enfrentamientos ideológicos obsoletos que para nada sirven a la hora de definir que tipo de fuerzas de seguridad pretendemos.
Ni siquiera debiera decirse pretendemos, como está expresado porque el tema va mucho mas allá de pretensiones. Debiéramos comenzar a marchar hacia el objetivo de dotarnos de Fuerzas de Seguridad acordes a las funciones que les dan la razón de su existir no por mera pretensión sino naturalmente.
Puede sonar a simplismo reduccionista decir que la primera y fundamental causa creadora de las mismas es DAR SEGURIDAD. ¿A quienes?. A la sociedad en general. ¿Protegiéndonos de quienes?. De todos aquellos que transgrediendo las normas vigentes para convivir en esa sociedad pongan en peligro vidas y bienes de los demás.¿Con que elementos? Con los que el estado les entrega para esa misión y la preparación adecuada que ese mismo estado debe proveerles para el mejor uso de esas herramientas.
Nada de esto pretende ser novedoso ni creativo ni mucho menos original. Pero a la luz de la triste realidad y la notable desviación que se ha ido generando en la conciencia social sobre esas cuestiones elementales, no parecen un exceso de ingenuidad de nuestra parte expresarlos de este modo. Solo en pocos días se han sucedido hechos de diferentes trascendencia pero todos ligados al tema en debate que valen como ejemplo de lo que ocurre: el mas tremendo y conocido el de San Miguel del Monte que terminó con la vida de cuatro adolescentes de esa vecina ciudad con alta y aún no definida del todo responsabilidad de la policía. Días después en Ranchos, un joven casi termina muerto por una patota en la puerta de un boliche céntrico y se afirma que ante la mirada pasiva de efectivos policiales que no actuaron hasta que los agresores dejaron de golpear a la víctima. Y unas horas después apareció una conocida profesional con funciones en el hospital Campomar condenando en las redes sociales una multa por infracción que le habían realizado la policía local por contravenir alguna norma que no especifica.
Tomamos esos tres casos: en Monte todo pareciera indicar que la tragedia fue generada mas que por efectivos de seguridad en cumplimiento de sus funciones propias, por delincuentes con uniformes insertados en la fuerza, lo que naturalmente califica gravemente lo sucedido y que como primera medida deberían recibir el máximo de condena que les corresponda. Pero de manos de una justicia transparente que «juzgue y condene por los actos» y no por marketing político que lleve a que sea castigado hasta un superintendente de Seguridad que estaba a cientos de kilómetros de lo sucedido y sin la menor participación primaria en los hechos y – salvo demostración de la justicia de alguna conectividad – ajeno a todo lo ocurrido. Lo mismo para algún otro efectivo de mínima jerarquía sin siquiera capacidad de una participación en la masacre. Dicho claramente: 4, 5, 8 o 9 delincuentes vestidos de uniforme y usando las herramientas del estado. Injustificable. Condenable con todo el rigor. Los 4, 5 8 o 9. NO LA INSTITUCIÓN.
El caso del boliche ranchero: a la luz de los hechos, la policía con los 2 o 3 efectivos que arribaron primeramente al lugar debieron interceder frente a unos 20 violentos, algunos de ellos ya conocidos por su tendencia a pegarle a todo lo que se le cruce, incluídos uniformados y terminar la agresión y en lo posible detenerlos o al menos identificarlos para su procesamiento que naturalmente terminará – en las actuales circunstancias en la nada misma y probablemente con algún efectivo sumariado por la acción de alguno de los acusados – de llevarlos a la justicia. ¿Tienen en la práctica esos tres o cuatro policías las herramientas reales para intervenir eficazmente en esos episodios de violencia generados a partir del convencimiento de impunidad que tienen los actores en esta argentina del no pasa nada?.
Vaya a modo de ejemplo algo que está pasando muy habitualmente. El domingo pasado un partido de fútbol de CUARTA división entre belgranenses y rancheros, debió darse por terminado por la agresión física al árbitro de un chico ranchero. Un chico de inferiores le pega a un árbitro en un partido de fútbol. Ese es el concepto de respeto a la justicia y a sus auxiliares en esta sociedad.
Por último, tomamos el ejemplo de una profesional local denunciando por redes sociales la multa que recibió por una infracción de tránsito. Que es muy posible que deban ser revisadas en sus montos (establecidas por ley nacional) o en su procedimiento. Pero que en este caso abunda en críticas al comisario, al juez de Paz (no se entiende que tiene que ver con esto) pero no incluye una sola palabra de reconocimiento a la infracción misma. Una disculpa a algo que no debe hacerse. Todos somos testigos que en Ranchos los semáforos en rojo no son respetados por ciclistas, ni motociclistas ni el sentido de mano de las calles ni las luces encendidas ni los lugares d estacionamiento. Se estaciona frente a los garages, a las rampas para discapacitados …..pero se habla de las multas.
En este contexto, la sociedad argentina debe imperiosamente profundizar en su análisis y evaluar la culturización que ha alimentado y que propende claramente a vivir «por zurda»; a desconocer el orden establecido.
A ser lo mas parecido a una aldea que una comunidad. Y los primeros que están obligados a desandar el camino recorrido es la dirigencia política argentina, que es la gran responsable de una realidad donde los delincuentes, salvo los de mas humilde condición social, tienen leyes, códigos y defensores por doquier y las víctimas de todo este sistema no contamos con timbres que funcionen para atender nuestros legítimos derechos.
En ese contexto, reformular el rol, la preparación, el equipamiento y el control y un nuevo contrato de convivencia con la sociedad de todas nuestras fuerzas de seguridad encargadas de cuidarnos es imperioso.
Seguir con amagos de doctrinas que no rigen en ningún país serio del planeta, con programas que solo reflejan grandes fracasos y no adoptar aquellos que imperan y con éxitos relativos pero demostrables en los países mas serios del mundo no puede llevarnos a otro lugar que al fondo de un abismo al que venimos cayendo hace mucho tiempo y del que solo podemos esperar hacer fondo.
No estamos lejos y eso también lo sabemos todos.

 

(Editorial publicada en la edición del 08 de Junio de 2019 en TIEMPO de Ranchos)