Editorial: Es hora de terminar con las comisiones

Editorial: Es hora de terminar con las comisiones

10 diciembre, 2018 1 Por Grupo Tiempo

Alguna vez aseguran que el presidente Perón afirmó que cuando quería que algo no se resolviera creaba una comisión para la cuestión. Y al margen de la autoria de la frase, la realidad nos permite constatar que avala esta teoría. Y algo peor: los argentinos vivimos en permanente comisión sobre todos los temas. O algo así, porque resolver no resolvemos ninguno a lo largo del tiempo.
Por estos días y vaya a saber por cuantos factores, entre los que deben estar algunas encuestas, el excelente resultado de la organización de la cumbre del G20 y la enorme cantidad de hechos de inseguridad que se producen en paralelo con una imagen de las fuerzas de seguridad absolutamente impotentes para realizar su tarea de darle seguridad a los ciudadanos, la ministra de Seguridad de la nación dio a conocer un nuevo protocolo que regula y modula el accionar de dichas fuerzas ante diversas circunstancias, dándole en todos los casos mayores facultades, mas respaldo y sobre todo mas atributos para utilizar armas letales.
De inmediato la cuestión tomó estado «de comisión permanente» y las opiniones en torno a tal decisión van de uno a otro extremo con la velocidad de la luz. «Que dicho protocolo está reñido con el Código Penal»; «que de aplicarse los efectivos que lo hagan terminarán todos presos» «algo así debe pasar por el Congreso y ser una ley» dicen por un lado voces incluso ligadas al gobierno como la de la diputada Carrió.
En contraposición, los defensores de la medida, aseguran que «el protocolo no avala salir a matar gente»; «el que cometa abusos siempre estará al alcance de la justicia»; «La ley ya existe y esta es una reglamentación» «que está en un todo de acuerdo con los protocolos que utilizan otros países como Uruguay, Chile y Méjico».-
Y ya aparecieron organizaciones de Derechos Humanos (muchas veces calificadas de Derechos Humanos solo de los Delincuentes) y algún juez que resguardado en una custodia permanente que le pagamos todos los ciudadanos prohibió la aplicación de las normas.
En medio de tanto barullo, en un país donde se pueden cortar las principales avenidas de su capital todos los días y durante largas horas, se puede hacer esto con los rostros cubiertos y con palos en las manos, se puede romper todo lo que se cruza y enfrentar a las Fuerzas de Seguridad que solo huyen abandonando muchas veces sus patrulleros para que los destruyan o los incendien en nombre de sus nobles reclamos los manifestantes; en medio de tanta decepción, un joven periodista conductor de un programa diario de TV que aborda estas cuestiones en el canal América acierta contundentemente en este punto. Solo pregunta cada día: «Por favor, díganme como lo solucionaron los demás a este tema» y ahí mueren las objeciones. Le queda picando todos los días el tema para responderse a si mismo: «Acá seguimos discutiendo lo que el mundo ya discutió y resolvió hace 30, 40 o mas años. En Cuba, Inglaterra, China o Estados Unidos – se responde. «En ningún país del mundo se pueden cortar calles o bloquear ciudades como aquí; no se puede transitar con los rostros cubiertos. No se puede enfrentar a las fuerzas de Seguridad porque es un delito grave. Esta cuestión no se debate mas en ningún lugar del mundo y aquí no puede ni empezar a discutirse…..» agrega con absoluta claridad el joven Santiago del Moro cada noche y nadie puede descalificarle el concepto. «Acá estamos discutiendo algo que el mundo todo, desde Estados Unidos a Uruguay o Chile ya decidieron hace mucho» repite y uno no puede menos que coincidir,
En la Argentina, no se puede mencionar la palabra reprimir porque en la batalla cultural, un progresismo que solo se dedica a los negocios se adueñó hasta de los términos. Con la anuencia de un amplio sector de la sociedad, incluídos los que no militan en ninguna de esas causas. ¿Por qué la doctora Graciela Fernandez Meijide, madre de desaparecido, coautora del Nunca Mas y no precisamente una militante de derecha puede decir que los «desaparecidos de la terrible dictadura militar que pudieron constatarse son unos siete mil y un periodista supuestamente de derecha como Alfredo Leuco no se atreve a decir que la cifra de 30.000 que se instaló es falsa y no una especie de paradigma sino que contrariarla es poner en juego cifras millonarias pagadas por el estado y percibida por organizaciones de derechos y familias de desaparecidos que no fueron tales.
¿Por qué no puede debatirse esto?. ¿Si no se puede hablar de os siete mil desaparecidos (una barbarie inconcebible) porque entonces no decir 40.000, o 100.000 si lo que aporta es aumentar la cifra pues aumentemos mas.
Resulta tan inexplicable que un tramo de la historia argentina de terror y dolor, siga presente e insuperable por la tarea de quienes dicen ser sus peores enemigos.
MENTIRA. La dictadura se mantiene viva en el accionar y las estrategias de quienes se sirven de la misma. Por eso se sigue hablando de desapariciones forzadas hasta para la muerte del perro del vecino. Por eso siguen fomentando y defendiendo la violencia para hacer inviable el país. Por eso siguen militando las falsas causas del estado represor o del gatillo fácil.
Cuando se agotan las instancias de acuerdos en una sociedad – y en esta cuestión hace mucho que están agotadas – entonces solo queda que el pueblo decida a quien darle el poder. Y QUE ESTE LO EJERZA EN ESE SENTIDO.
Ya no hay mas tiempo para discutir lo que el mundo ya terminó hace medio siglo. No hace falta tanto: las Fuerzas de Seguridad tienen que volver ante una actitud delictiva al «Alto o Disparo». Y si quien debe hacer alto huye, ¿Cómo hacer después para revertir el que «le tiraron por la espalda». O sea la aceptación de que el delincuente huya.
Los defensores de estas teorías suelen decir: «En tal lado con la mano dura no se mejoró la seguridad». Bien: Aquí hace muchos años que rige un abolicionismo absoluto, solo teñido por casos aislados que siempre hicieron un extremo ruido como los asesinatos de Kosteki y Santillan que obligaron a la renuncia de un presidente. El resto es la vigencia plena del abolicionismo. ¿Mejoró la seguridad con esa teoría?.-
Rotundamente NO. Entonces, si no fueron capaces de mostrar un solo resultado, llegó la hora de probar con otros métodos. Y esos son los que ya todo el mundo aprobó para enfrentar estos flagelos.
Y sino, hagamos una comisión. Para que todo siga de igual a peor.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 08 de diciembre de 2018)