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La columna del domingo “LO PEOR DEL PASADO VIENE EN CAMIÓN”

Por Héctor Ricardo Olivera.

El Sindicato de Camioneros ha dispuesto una marcha de protesta contra el Gobierno para el miércoles 21 del corriente.
Hugo Antonio Moyano, el padre, dirige la batuta para que Pablo, el heredero de la organización, baile con sus compañeros.
El anuncio del hijo anticipó una movilización que calificó como la más grande que se haya visto nunca.
La motivación del reclamo resulta difusa desde lo sindical y más se parece a una respuesta nerviosa del padre y el resto de la familia ante el avance de causas judiciales que comprometen a los Moyano por delitos millonarios que la Justicia está investigando.
Estos motivos han sido claramente tenidos en cuenta por los sindicatos mayoritarios que han anunciado que no acompañarán la movilización precisamente porque no resulta sensato poner a sus trabajadores al servicio de un intento familiar de encubrir actos delictivos con un reclamo sindical.
Es más que claro que el movimiento obrero está seriamente dividido y si bien unos no se subirán al camión de Moyano otros sí lo harán, y con gusto.
Como una demostración más, por si hiciera falta, de la ausencia de principios, coherencia y la mínima cuota de moral, en cada uno de los estribos del camión vendrán Yasky y Badarel.
Puede ser que Moyano se volvió un kirchnerista progre o los otros dos trocaron a la derecha de la ortodoxia sindical.
Para completar el clericó han anunciado su presencia los agrupamientos sociales y los partidos de la izquierda más radicalizada.
Si todo sale como es de imaginar, seremos testigos de otra exhibición de la prepotencia que ya anticipó Moyano cuando dijo que al Gobierno ya le queda poco, ratificando los dichos de Barrionuevo, el que amenazó con que “no le pisen la cola al león”.
Como tantos otros, Hugo Antonio Moyano es un dirigente más que quizás alguna vez manejó un camión pero es ahora un empresario próspero que siente que se cierra el cerco sobre su persona y sus dineros.
Moyano llegó desde Mar del Plata, 5° Sección Electoral a la Cámara de Diputados de la Provincia en el período 1987/91.
Su paso por la Legislatura fue absolutamente intrascendente.
El total de su producción legislativa en los cuatro años de mandato fue:
D-858/87-88 PROYECTO DE DECLARACION
PAVIMENTACION Y ENSANCHE DE LA CALLE FALUCHO DESDE EL CONDOR HASTA LERROUX, PARTIDO DE ALMIRANTE BROWN, D-107/88-89 PROYECTO DE SOLICITUD DE INFORMES
CONFLICTO GREMIAL EN LA CAJA DE PREVISION SOCIAL PARA PROFESIONALES DE LA INGENIERIA, D-108/88-89 PROYECTO DE DECLARACION
DESCUENTOS A JUBILADOS Y PENSIONADOS EN EL PRECIO DE LOS PASAJES DE TRANSPORTE PUBLICO DE PASAJEROS A LARGA DISTANCIA, D-748/89-90 PROYECTO DE SOLICITUD DE INFORMES
CUMPLIMIENTO DEL REGLAMENTO PARA LOS SERVICIOS DE GUARDAVIDAS NORMADOS POR DECRETO 27/89.
Como se ve, más nada que poco.
Solo cabe rescatar la única vez que se oyó su voz en el recinto.
Fue cuando un Juez pidió su desafuero para cumplir con un proceso vinculado al descubrimiento de una carga de cocaína en su despacho gremial.
El Diputado procedió a una inolvidable y tortuosa lectura de una defensa seguramente redactada por un abogado que abundó en la terminología propia de su profesión que torturó al exponente por un rato.
Por supuesto que el peronismo legislativo alzó sus manos para evitar el desafuero.
Desde entonces Moyano creció de manera más que evidente hasta transformarse en lo que hoy es, un dirigente que mezcla su sindicalismo con sus empresas y sus afectos y desafectos políticos.
Como un monarca, transfirió su sindicato camionero a su hijo peleador, Pablo e inventó un sindicato, el del peaje, para su hijo galán, Facundo.
El miércoles 21 saldrá a la calle con lo que pueda juntar de fanáticos kirchneristas, Yasky y Baradel, más la Cámpora y el trotskismo, los grupos sociales y lo que venga.
El camión de Moyano viene cargado de pasado, patota, populismo y, para completar, tiene olor a Cristina.
La idea es mostrarle al Gobierno y a la Justicia que él no será un hueso fácil de roer.
Para quienes queremos una República Democrática será una buena oportunidad de fortalecer nuestras convicciones y demostrar que es posible evitar que se repitan tropezones con las mismas piedras.

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