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Editorial: Es obvio que seamos el país de las catástrofes

En lo que fue al menos un gesto dirigido a las Fuerzas Armadas nacionales, en una de las fechas que recuerdan el nacimiento de la Patria hace unos meses se organizó un desfile de las mismas en la Capital Federal que llamó la atención «de los distraídos de siempre» que jamás se sorprenden con muchos de los actos que se organizan generalmente en la Plaza de Mayo o cortando avenidas de la capital por causas que muchas veces cuestan entender y mucho mas digerir.
Sin embargo, hubo alarma por el acontecimiento y ni hablar cuando se sumó un héroe de Malvinas, del que también vale decir que tuvo actitudes reñidas con la democracia como Aldo Rico y por poco algunos sectores del progresismo criollo casi se cortan las venas por ese único reconocimiento que en una fecha, donde ser homenajean a los soldados criollos se les realizó a nuestras fuerzas (des) Armadas.
En un país con interminables fronteras por vigilar, con la seguridad del crecimiento de la entrada y salida de estupefacientes y contrabando que tiene la Argentina, no contar con Fuerzas Armadas capacitadas y equipadas es mas o menos como hacerse el distraído mientras te suicidas. El país que supo ser vanguardia en la materia, hace muchos, pero muchos años que no invierte un peso en la renovación de equipamientos ni en entrenamientos de sus hombres. Hace poco tiempo nomás, la Argentina no concurrió a un entrenamiento de salvatajes marítimos organizado por los Estados Unidos en aguas de los océanos del sur, por falta de recursos.
Tal vez haya que agregar que tampoco tenemos unidades en las que concurrir y con las cuales realizar los ejercicios.
Vale recordar, que el gobierno nacional presidido por Néstor Kirchner entró en relaciones beligerantes (casi en conflicto armado) con el hermano país de Uruguay por el tema de la papelera Bosnia y ya en ese momento nuestra fuerza aérea contaba con un solo avión Hércules. Uno.
La otrora gloriosa flota aérea con asiento en Tandil con sus Mirage y otras naves se fue perdiendo y no por decisiones técnicas sino por siniestros., Algunos de esos valientes pilotos pudieron salvarse eyectándose. Otros quedaron enterrados junto a los hierros de su nave.
Helicópteros, barcos, submarinos….. y hombres, quedaron en siniestros que registró en los últimos años nuestra defensa.
En paralelo, para desnudar aún mas nuestras fronteras, las fuerzas encargadas de su control como la prefectura y la gendarmería fueron traídas para combatir a los motochorros y ladrones de autos en el conurbano.
Toda una política de seguridad digna de un país como el que somos. Como el que nos cuesta reconocer que somos.
En este país trágico, donde pareciera ser que un Cromagnón es un caso excepcional y no casi lógico en el contexto en que ocurrió; donde la tragedia de Once no tiene nada de extraordinaria; donde todos los días los muertos en las rutas se cuentan por miles, pero se siguen poniendo cámaras cazabobos para que aquellos que se salvan de morir al menos reciban un par de boletas a las dos o tres semanas por viajar a 68 Kms donde dicen que hay un cartel que marca 60 Kms de máxima aunque el cartel no esté o lo tape el yuyo que hace desaparecer las banquinas.
Pero en este país la gran movida, con Plazas que no alcanzan, semanas en los medios que no son suficientes, historias y teorías acompañando relatos que parecen salidos de guiones cinemátográficos solo se da cuando desaparece o muere un activista, integrante de una organización extremista que elige la violencia como método y la mas que dudodsa representación de algunos pueblos originarios, pueblos que ni siquiera ellos respaldan el accionar de estos militantes.
Han pasado ya mas de dos semanas de la desaparición del viejo y obsoleto submarino ARA San Juan y en sus entrañas están los 44 tripulantes que con su uniforme oficial, su escudo y sus ideales trataban de vigilar las aguas argentinas. No sólo que seguimos esperando ver como esa histórica Plaza de Mayo que tan fácilmente se llena por tantas excusas vacuas, sea la sede del gran encuentro argentino con una sola bandera y una sola consigna: la celeste y blanca y el reconocimiento a ellos.
Nada de esto ocurrió. Pero no solo eso: «Si son macristas está bien que estén muertos» dijo una figura popular (lamentablemente popular) como la actriz Nancy Dupláa y ningún fiscal la citó y la procesó.
El propio movimiento que se dice Mapuche escribió en varios carteles: 44 menos.
Y entonces no queda otra alternativa que convencerse que estamos ante una enorme tragedia. Gran tragedia de muy compleja solución.
Los Comagnón, la tragedia de Once, los recitales de Olavarría, el hundimiento del San Juan son la resultante y no la causa del problema en si. La gran tragedia está en lo que nos hemos convertido los argentinos, capaces de criar un Fangio, Un Papa, un Maradona, un Favaloro o un Messi. Pero también de alcanzar los mas paupérrimos niveles de civilidad, comprensión y humanismo.
Si se expresara en términos religiosos somos la mayor fábrica de pecados del planeta. Nadie dejó de pensar cuando se nos informó que el submarino había sido reparado entre 2014 y 2016 que seguramente donde debían colocarse dos tornillos se colocó uno solo y de menor calidad…….. y se facturaron tres y de los mejores.
No sabemos si ocurrió. Pero seguramente todos lo pensamos.
Porque así somos. Eso somos.
Y esa es la tragedia. Que un día es Once. Otro Cromagnón. Y otro ARA San Juan.
¿Podremos entender que así como estamos y como somos la República es un Titanic viajando a estrellarse?. Y en lugar de, al menos por miedo, todos estemos sumando esfuerzos para esquivar el iceberg, seguimos en algunos de los pisos de las grandes fiestas discutiendo por la marca del scotch o por la piba que nos acompañe al camarote.
Resulta imposible ser mesurados. Mucho menos optimistas en estas circunstancias. ¿Si nadie acepta siquiera síntomas de la enfermedad, como pensar que nos estamos curando?

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 2 de diciembre de 2017)

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