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Editorial: Aparición con vida …… de todos

Hace muy poco tiempo el país terminó envuelto en una tensión generalizada por la desaparición de una persona en el sur del país en medio de un operativo de la gendarmería que actuó disolviendo un corte de ruta de un grupo que se autodefine como descendiente de Mapuches que reclaman por territorios que dicen haber pertenecido a sus antecesores.
El caso de Santiago Maldonado -de él se trata -, tras conocerse su desaparición, alcanzó tal dimensión que se convirtió en el principal eje de la campaña electoral de esos días de la ex presidente Cristina Fernandez. Mas allá de las diferentes versiones que referían a su desaparición y que terminó envolviendo a todos los sectores, organizado por algunos opositores se realizaron múltiples actos en los cuales, tras el lógico re-clamo por su aparición con vida, no se mezquinaban responsabilidades al gobierno, a ministros, a las fuerzas de seguridad y al mismísimo presidente de la nación.
Del otro lado se llegó a escuchar que « Había 20 % de posibilidades de que Maldonado estuviera vivo en Chile».
Todos conocemos el final trágico del joven activista, hallado muerto y según los peritajes, ahogado en las aguas del río Neuquén.
Mas allá de las disparatadas aseveraciones y la politización del caso, alimentada por las fuerzas políticas que se dicen «pogresistas», de izquierda y la militancia protestona (de protesta), lo cierto es que en muchos casos se cruzaban actos y manifestaciones. Un pedido alcanzó unanimidad de pensamientos en toda la sociedad: Todos deseábamos que Santiago apareciera y con vida.
Esa causa fue de todos. De uno a otro extremo de la sociedad.
Y estuvo bueno que los argentinos nos hayamos expresado así.
Pero cada actitud criolla que se reconozca, abre como interrogante contradictorio, la contracara de la misma en otro ejemplo comparable y al poco tiempo.
Al cierre de esta edición, no solo la sociedad argentina, sino toda la comunidad internacional, está conmocionada por el extravío de un viejo submarino de la Armada Argentina con 44 tripulantes a bordo y la casi certera convicción de estar ante una tragedia que sacude las fibras mas íntimas de todo ser humano.
Desde el miércoles 15 del corriente, cuando la jefatura de la tripulación embarcada se comunicó por última vez con su base, se perdió todo rastro con la nave anti-gua que tiene base en Mar del Plata. Si bien, hubo algunas horas de demora en tomar estado público ya han transcurrido demasiados días y no puede pasar desapercibido que estas 44 vidas en riesgo cierto de una muerte horrible no ha servido para acto alguno, ni declaración de los mismos organizadores de tantos actos en el caso citado mas arriba, ni la ex presidente ahora electa senadora ha hecho conocer siquiera un ruego. Nadie ha sido visto en la Plaza de Mayo con un cartel de Aparición con vida de los submarinistas.
La pregunta no puede evitarse. ¿Es qué para estos sectores hay vidas con determinada importancia y otras de segunda, tercera o nula validez comparada con la de otros?.
La sociedad argentina (o al menos una parte de ella) ¿Se conmueve por la pérdida de la vida de algunos se-mejantes según la ideología, accionar o su adhesión a determinadas doctrinas políticas y le importa poco y nada la vida de los que «pertenecen» a otros pensamientos?. Para muestra alcanza un botón: una conocida actriz «militante» del anterior gobierno acaba de escribir en una red social: «Ojalá aparezcan con vida …aunque claro que si son macristas mejor que no los encuentren mas y mueran». (sic). Claro que luego rió como si se tratara de un buen chiste.
Mucho se ha hablado y se habla de la grieta que «maquiavélicamente» se generó y alimentó sustantivamente en largos años y desde el propio seno del gobierno nacional de turno y que, naturalmente no se cura con el mero cambio de signo político en la casa Rosada. Para quienes distraídamente desconocen esa división o la minimizan, por si hacía falta va este doloroso ejemplo.
No es un disparate literario decir que en esta sociedad contemporánea nacional, hay vastos sectores que no disimulan un ápice que les ha importado mucho mas la vida de Maldonado que la de 43 hombres y una mujer aún en el fondo del mar y con todas las dudas que nos surgen sobre sus posibilidades de salvación.
Duele hasta el tuétano pensar así. Y tener que escribirlo. Pero a la vista está que le ha resultado mas fácil a los británicos y algunos de sus aliados dejar de lado la guerra por Malvinas que nos enfrentó y verlos en este momento enviando sus mejores equipamientos y especialistas tratando de salvar a nuestros compatriotas que a estos «filósofos» criollos expresar una solidaridad.
Algunos sectores políticos internos no han sido capaces de mostrarla, ofreciendo al menos de protocolo su apoyo a las autoridades en este momento que de ninguna manera – todo lo contrario – implica que una vez superado el episodio se investigue y se agoten todas las instancias para saber que pasó y las eventuales responsabilidades por el accidente.
Si algo no se puso en duda en los aciagos días de la búsqueda de Maldonado fue el deseo unánime de los argentinos para su aparición con vida.
Una sociedad seria, madura y sin divisiones, debiera ser la que con igual energía se muestre solidaria y sin mezquindades ante el dolor que genera el riesgo en la vida de sus semejantes por episodios como estos.
Se llamen como se llamen, provengan de donde provengan, piensen como piensen y hagan lo que hagan.
Dos hechos trágicos y dolorosos como los del joven patagónico y este con el agregado de no ser una sino 44 las personas afectadas deben merecer similar reacción de toda la sociedad.
Queda claro que no ha ocurrido esto en este caso. Como no ocurrió con Cromagnón, con la tragedia de Once y varias tragedias contemporáneas.
Mas allá del deseo de que estas cosas no ocurran mas, sabemos que la vida nos expone a siniestros dolorosos. Lo que debemos esperar es superar esta división argentina que inexorablemente nos está llevando a un abismo del que tampoco nadie nos podrá rescatar a tiempo. Es hora de evitar esta caída libre y en esto na-die está exento de responsabilidad.

(Editorial publicada en la edición del sábado 25 de Noviembre de 2017 en TIEMPO de Ranchos)

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